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¿Cómo asegurar que el nuevo currículo responda a la sociedad del futuro?

¿Cómo asegurar que el nuevo currículo responda a la sociedad del futuro?

Publicado: 30 marzo, 2017 Categorías:

Por Ana María Raad, Gerente del Centro de Innovación en Educación Fundación Chile.
Columna publicada en “El Mercurio” el 30 de marzo de 2017.

La educación de calidad debe responder a lo que la sociedad del siglo XXI nos demanda: contar con mayor capacidad de enfrentar la complejidad resolver problemas que hoy no conocemos (ambientales, sociales, económicos, etcétera), contar con ciudadanos éticos y J con sentido de inclusión y participación, aplicar la creatividad y nuevas soluciones a problemas y desafíos cada vez más ambiguos. Esto implica dar un giro fuerte y decidido en el qué y cómo aprendemos.

Hoy, como menciona Andreas Schleicher, de la OCDE, el éxito educativo ya no consiste en reproducir contenidos, sino en la capacidad de poder hacer algo significativo con aquello que sabemos. De ahí que el esfuerzo que ha realizado el Mineduc para plantear un nuevo currículo sea un primer paso, pero debemos asegurar que se aplique adecuadamente al interior de los establecimientos educacionales.

La nueva propuesta de curriculum para tercero y cuarto medio intenciona tres ámbitos que me parecen necesarios analizar.

Primero, busca promover el desarrollo de habilidades y no solo contenidos, como plantea el reconocido profesor Charles Fadel, director del Centro para el Rediseño Curricular de Harvard, recientemente invitado por Fundación Chile para presentar su libro en el país. Fadel afirma que el aprendizaje no es solo contenido, sino también el desarrollo de habilidades, que vinculan dicho conocimiento con el mundo real, así como actitudes que motivan a “aprender a aprender”, colaborar con otros y desarrollar la creatividad de manera permanente. Avanzar en esa dirección es clave para Chile.

Un segundo aspecto es el equilibrio entre contenidos tradicionales y aquellos emergentes. En la consulta “Diles qué quieres aprender”, que impulsamos en 2016 junto a Unesco, pudimos observar que la mayoría de los jóvenes de América Latina y el Caribe espera una educación práctica, que les permita aplicar sus conocimientos en la vida cotidiana, dominar el inglés, la tecnología, las artes, junto con la valoración de la historia, la cultura local y ciudadanía. En general, los jóvenes plantean que lo que hoy se aprende no es útil para la vida y que no sirve para trabajar.

Un gran paso, entonces, es plantear una malla curricular común para tercero y cuarto medio que refuerce la idea de un equilibrio en las asignaturas, la integración de algunas y la posibilidad de que los propios estudiantes escojan tres asignaturas de acuerdo a sus intereses, junto con ramos de inglés más focalizados y un nuevo curso de elaboración de proyectos.

Este último componente me parece fundamental como tercer factor clave en la propuesta presentada. Chile podría liderar en la región la incorporación desde la política pública del aprendizaje basado en proyectos, una metodología efectiva que busca hacer del proceso de aprender un proceso aplicado, con sentido, que permite leer el entorno, buscar soluciones creativas a desaños importantes y junto a ello ir aprendiendo e incorporando contenidos clave.

Sin embargo, el camino hacia una educación pertinente para el siglo XXI enfrenta algunos desafíos. Por un lado, es urgente apoyar a los liceos a gestionar este cambio, y preparar a sus equipos para enfrentar las innovaciones que demandan tiempos, asignaturas, nuevos roles. Por otra parte, formar a los docentes en el desarrollo de estrategias efectivas que les potenciará estas habilidades, como pensamiento crítico, creatividad, colaboración.

En la práctica, significa implementar estas estrategias de formación a través del acompañamiento en aula, talleres aplicados y experiencias reales de proyectos creatividad y pensamiento crítico con docentes y directivos de distintas asignaturas y liceos.

Es necesario también impulsar el trabajo integrado entre docentes de distintas asignaturas, un factor crítico en la cultura escolar hoy. Finalmente, si seguimos midiendo solo los conocimientos tradicionales y memorizados, seguiremos alimentando un modelo que no responde a las demandas actuales. Por este motivo, la forma como evaluamos, en especial la PSU, requiere una señal urgente para alinearla con los desafíos señalados.