Conceptos clave para decidir una carrera

Publicado: 30 noviembre, 2015
Desarrollo Humano

Con la entrega de los puntajes de la PSU, viene un maratónico proceso de ingreso a instituciones de educación superior, donde las preguntas claves son ¿Qué estudiar? ¿Dónde Hacerlo? ¿Qué es mejor para mi futuro?

Entendiendo que el ideal habría sido que el alumno recibiera durante el periodo escolar orientación vocacional, como un proceso de formación y desarrollo que tiene que ver con la capacidad de reflexión para la toma de decisiones relacionadas a las trayectorias educativas y laborales,  y que la PSU no fuera el único sistema de selección universitaria, hoy hay más de 350 mil jóvenes que ingresarán a la educación superior y que necesitan tener claro algunos conceptos para tomar la decisión correcta.

En Chile, actualmente existen altas tasas de deserción de la educación superior. Además, los tiempos de titulación exceden los tiempos de duración de los programas, lo que produce un alto nivel de endeudamiento, entre otras múltiples dificultades a raíz de no contar con programas escolares que entreguen herramientas a los alumnos para tomar la decisión correcta y no estudiar sólo lo “que les alcanza” con el puntaje PSU.

Un sistema diversificado de admisión a las IES debe contemplar mecanismos de acompañamiento y orientación, tanto vocacional como curricular, que comiencen mucho antes del IV medio y que valoren su rendimiento y compromiso en las asignaturas críticas.

La decisión de qué y dónde estudiar es crítica, no obstante es ciega respecto de las habilidades y aptitudes que se necesitan y de requerimientos más específicos de los programas de estudio. La orientación es casi inexistente: en Chile el promedio de orientadores por establecimiento educacional no llega al 0.2 (Estadística de dotación docente de la Unidad de Estadística del Ministerio de Educación para el año 2013 para colegios públicos, municipales, subvencionados, particulares subvencionados y con comisión de administración delegada y particulares pagados) y los padres tampoco pueden juzgar eficazmente ese rol, pues la mayoría de jóvenes que ingresan a la educación superior (3 de 4) son la primera generación en hacerlo. No podemos extrañarnos, en consecuencia, de que los jóvenes deserten por temas vocacionales.

Paradójicamente, mientras se ha dado acceso a población que nunca antes ingresó a la ES, que tiene menos oportunidades y recursos, y que cifra tantas expectativas en estudiar, se castiga a las IES que reciben a estos alumnos, aplicándoles los mismos indicadores de éxito académico, a pesar de que el perfil de sus estudiantes es distinto y sabiendo la correlación que existe entre los resultados y el nivel socioeconómico de los estudiantes.

En un sistema educativo altamente estratificado como el chileno, es difícil asegurar que el mérito esté sólo relacionado a un mejor rendimiento académico en términos absolutos. Por ello la incorporación del ranking de notas, es positivo, pero aún insuficiente.

En consecuencia, un sistema diversificado de admisión a las IES debe contemplar mecanismos de acompañamiento y orientación, tanto vocacional como curricular, que comiencen mucho antes del IV medio, que valoren su rendimiento y compromiso en las asignaturas críticas, que los iluminen acerca de las competencias de entrada, que les permita reconocer sus habilidades y sopesar las distintas alternativas que ofrece el campo ocupacional.

Ahora bien, pensando en el alumno que ya egresó de cuarto medio y tiene que tomar hoy una decisión de seguir una carrera de educación superior existen varios ámbitos fundamentales a considerar. Por ejemplo, uno muy importante es que estén dentro del ámbito de sus habilidades y competencias, para eso los jóvenes tienen que preguntarse:¿Qué tipos de trabajo existen y me atraen? ¿Tengo habilidades para ello?¿Qué cosas me gustan hacer? ¿Me gustará la vida laboral que tendré? Luego, debe considerar sus condiciones socioeconómicas personales y familiares para estudiar y después trabajar: ¿Tengo posibilidades de sólo estudiar o tendré además que trabajar? ¿Tiene mi familia recursos para apoyarme? ¿Cuál será mi remuneración una vez que egrese? Además, debe investigar a fondo la oferta de estudios que el sistema le brinda (a nivel institucional): ¿Existen instituciones acreditadas cerca de mi domicilio que den la carrera? ¿Son instituciones que entrarán en la gratuidad el 2016? ¿Qué requisitos de admisión tienen? ¿Qué posibilidades de financiamiento tengo (CAE, becas, fondo solidario, etc.)?

La calidad de la institución se puede evaluar considerando que sea una institución autónoma, y luego, que sea acreditada por la mayor cantidad de años posible (7 años es el máximo posible). Estos dos aspectos pueden ayudar a distinguir instituciones que funcionan mejor que otras.

La calidad de la carrera se aprecia también a través de la acreditación. Es mejor una carrera acreditada que una no acreditada, y mientras más años de acreditación tenga, mejor. Luego, es importante considerar algunos datos que ponen de manifiesto la calidad de la carrera, por ejemplo, cuántos años demoran los estudiantes en titularse realmente y la empleabilidad de los egresados.

Para postulantes que egresan de la Educación Media Técnico Profesional (EMTP) o que deciden estudiar después de trabajar, además de los criterios anteriores, deben tomar en cuenta qué institución te ofrece las mejores oportunidades de reconocimiento de la trayectoria educativa y laboral, es decir, convalidación de cursos para trayectorias futuras.

El ingreso a la educación superior está aparejado de diversas situaciones que podrían poner en crisis la estabilidad del postulante. Algunos de estos aspectos son el nuevo ambiente; la libertad, que a su vez exige mayor compromiso, y el nuevo nivel de exigencia. La clave es identificarlas y adaptarse a este nuevo ritmo de vida, a este nuevo escenario y evitar la deserción.

Este último tema es más desconocido para la política pública que para las instituciones de educación superior que se ven enfrentadas directamente a este fenómeno. Ellas han debido indagar más en el problema, estableciendo un diagnóstico más certero. Es así como hay una distancia entre lo que la política pública califica como y el estudiante que trata de integrar o corregir su elección.

Lo esencial es tener claro que no necesariamente alguien que cambie de carrera fracasa, ya que puede ser que tomando una decisión madura, de seguir una ruta distinta. Y si el esfuerzo de la política pública ha ido en torno a aumentar la cobertura y dar más acceso a la educación superior, debe ser también más flexible para ser realmente una buena alternativa para todos los postulantes, adecuándose a sus requerimientos.