Qué hay detrás del éxito de las cien Escuelas Líderes

Publicado: 28 junio, 2016
Educación

Es claro que la forma como estamos educando debe cambiar significativamente. Los indicadores académicos han bajado transversalmente (Simce lectura 2016; PISA mantiene a Chile muy por debajo de países asiáticos y europeos), y hemos observado la desmotivación y el desencanto entre los jóvenes. Según Educarchile, el 60% de los profesores considera que uno de los tres mayores desafíos que enfrentan es la desmotivación de sus estudiantes y según Unesco, un quinto de los jóvenes afirma que lo que aprende en la escuela “no le sirve”.

Son escuelas que se han cuestionado, preguntado e incomodado frente a la necesidad de cambiar la forma como abordan los aprendizajes, pero que también desarrollen las habilidades necesarias para desenvolverse en la sociedad.

Además, el Foro Económico Mundial sostiene que el 65% de los niños que entraron a la escuela en 2016 van a enfrentar trabajos que aún no existen (más complejos y que requerirán habilidades no rutinarias). La sociedad cambió y requiere de ciudadanos capaces de desarrollarse en el siglo 21, pero al observar las prácticas al interior de las aulas, estas poco o nada han cambiado desde hace más de un siglo.

Es urgente, entonces, un giro en la educación que enfrente decididamente los desafíos de inclusión (que nadie quede afuera), de pertinencia (que responda a lo que la sociedad actual requiere) y de calidad (concepto amplio y no reducido solo a la alfabetización, sino que incorpore, además, el desarrollo de las denominadas habilidades del siglo 21). Es justamente en la necesidad de esos cambios que la Red de Escuelas Líderes se instala como un referente dentro de nuestro sistema escolar. Porque son escuelas que, a pesar de estar insertas en contextos desafiantes y complejos, con altos grados de vulnerabilidad, logran gatillar los cambios e innovaciones necesarias para avanzar en los desafíos antes planteados. En un momento de tantos cambios estructurales de la educación en Chile, es clave aprender de esta red de cien escuelas a lo largo de Chile y conocer de cerca qué factores estructurales y concretos han facilitado su desarrollo.

Ante la pregunta de cómo hacen las escuelas que conforman la red para incorporar innovaciones que apuntan al centro de sus necesidades y mantener dichos cambios, lo que hemos aprendido desde la investigación aplicada en Fundación Chile es que, primero, son establecimientos que se han dado cuenta rápidamente de que el contexto cambió, no se han quedado encapsuladas, sino que han mirado hacia afuera y asumido que, ante los cambios que la sociedad está viviendo, la escuela debe ser receptiva y tomar acciones. Es decir, asumen el desafío del cambio desde sus propias necesidades y no esperan a que desde “arriba” o desde “afuera” lleguen las señales de qué hacer; aquí la proactividad es un rasgo a destacar.

Segundo, son escuelas que, a nivel institucional, han contado con el apoyo decidido de sus líderes, lo que se traduce en que sus innovaciones se sostienen en todos los niveles, asegurando que lo que ocurre en el aula no es una acción aislada, sino coherente con una política institucional. Aquí, el factor “director” es clave a considerar, ya que la autonomía con la cual los directores han asumido o apoyado estos cambios es particularmente distintivo, ya que les ha permitido tomar las decisiones adecuadas y pertinentes respecto de sus necesidades, tiempos y recursos. Son líderes escolares con foco en las necesidades pedagógicas por sobre las meramente administrativas.

Tercero, han desarrollado la capacidad de adaptarse y ser flexibles para enfrentar los nuevos desafíos en condiciones de incertidumbre y con una estructura del sistema muchas veces rígida. Ante ello, aquellas que logran ser más flexibles (en tiempos, orden interno, etc.) desarrollan finalmente el engranaje necesario para que las innovaciones permeen el aula y no queden como experiencias satelitales, sino que efectivamente transformen la escuela.

Cuarto, se trata de escuelas que se han cuestionado, preguntado e incomodado frente a la necesidad de cambiar la forma como abordan los aprendizajes, incorporando nuevas y más efectivas metodologías y/o estrategias que garanticen que los niños aprendan, pero que también desarrollen las habilidades necesarias para desenvolverse en la sociedad.

El sistema escolar chileno está en un punto de inflexión importante, no solo por la envergadura de los cambios que la reforma ha propuesto, sino por el contexto social, cultural y productivo que el país enfrenta, donde evidentemente la escuela tiene el rol fundamental de promover e impulsar el desarrollo de ciudadanos del siglo 21. Para ello es urgente aprender de experiencias como la Red de Escuelas Líderes, que ha mostrado con éxito que no hay excusas al momento de enfrentar los desafíos, aportando con evidencia la necesidad y posibilidad de los cambios que todos queremos ver.