Empezando a discutir el futuro

Publicado: 11 noviembre, 2015
Desarrollo Humano

Hay una antigua interrogante en la historia chilena: ¿cuándo va a ser Chile un país desarrollado? Ser un país desarrollado no es una simple cuestión aritmética de alcanzar un determinado nivel del ingreso per cápita, por ejemplo, US$ 25.000/hab.

Hay tres diferencias cruciales entre los países desarrollados y los países en desarrollo: (i) La existencia de una perspectiva de largo plazo; (ii) la capacidad innovadora; (iii) una balanceada distribución del ingreso.

Nos focalizaremos en cómo introducir una perspectiva de largo plazo en Chile. En otras palabras, cómo introducir el futuro en el debate político y económico.

Una manera convencional es la “planificación de escenarios”, que en realidad es la “imaginación de escenarios”. ¿Cómo será Chile en el 2050? No hay mucho elaborado en esta área. Sugiero un enfoque distinto. ¿Cuáles son los desafíos que enfrentarán los principales sectores productivos chilenos en el futuro? De manera ilustrativa, veamos lo que ha sucedido en un consorcio que ha reflexionado sobre el cobre.

Chile es chico en todo, menos en cobre. China tiene una población que es 75 veces la población chilena, y el PIB chino es 36 veces el PIB chileno. Pero en cobre, Chile es 6 veces más grande que China. Por otra parte, el cobre representa el 55% de las exportaciones y es el segundo mecanismo de ingresos del fisco. No hay ahora ningún sector productivo que pueda sustituir el rol que desempeña el cobre.

¿Por qué otra vez el cobre? Chile es chico en todo, menos en cobre. China tiene una población que es 75 veces la población chilena, y el PIB chino es 36 veces el PIB chileno. Pero en cobre, Chile es 6 veces más grande que China. Por otra parte, el cobre representa el 55% de las exportaciones y es el segundo mecanismo de ingresos del fisco. No hay ahora ningún sector productivo que pueda sustituir el rol que desempeña el cobre.

La producción cuprífera actual es de 6 millones de TM, con lo cual Chile produce el 30% del cobre mundial. Debido al envejecimiento de los yacimientos y a la disminución de la ley del mineral, si no se efectúan importantes inversiones, el nivel de producción caería a 4 millones de TM en el 2025. Como Chile tiene el 30% de las reservas cupríferas mundiales, se ha planteado como objetivo que Chile mantenga su participación actual del 30% en la producción cuprífera mundial; esto implica producir más de 8 millones de TM en el 2025. ¿Cuáles son los desafíos que implica lograr este objetivo?

Para identificar estos desafíos y sugerir soluciones se ha decidido elaborar un Roadmap Tecnológico (RMT) para la futura producción cuprífera de 8 millones de TM. Para esto se ha constituido un consorcio de 30 expertos vinculados a las principales entidades involucradas en la producción de cobre: las mayores empresas mineras, empresas grandes y chicas proveedoras de insumos, asociaciones gremiales, representantes de Corfo y de los ministerios de Minería y Economía, agencias gubernamentales, académicos (UCh, UC), consultores; la Fundación Chile actúa como agente coordinador y ejecutor de diversos estudios. Ha habido encuentros con una alta frecuencia durante el último año, en que todos han asistido a todas las reuniones. En síntesis, esta ha sido la versión empírica de lo que se denomina “alianza público-privada”, discutiendo sobre el desarrollo futuro de la minería chilena.

En realidad, el proceso de debate ha sido más importante que el producto específico final del RMT. ¿Por qué? Por cuanto este proceso ha generado un significativo capital social en el sector minero, que ha logrado un consenso respecto del futuro del cobre chileno. Hay una avenencia respecto de los objetivos y en torno a cuáles son los principales desafíos. Ha habido una discusión franca y abierta sobre todos los tópicos. Las empresas asociadas a la minería, que suelen ser tan individualistas en su comportamiento como si fueran Robinson Crusoe maximizadores, han descubierto que la cooperación dentro del sector permite resolver problemas transversales comunes que al final termina beneficiando a cada empresa y a la sociedad en general.

En síntesis, debates constructivos sobre el futuro a nivel sectorial permiten anticipar desafíos de largo plazo y, además, generar capital social, lo que implica construir confianzas.