La innovación que mejora las escuelas y los aprendizajes

Publicado: 15 julio, 2015
Educación


Justo cuando la situación en educación ha llegado a sus niveles más álgidos, a propósito del paro docente, vemos con optimismo y orgullo a escuelas y equipos de docentes y directivos que a pesar de estar en un contexto difícil y complejo de vulnerabilidad, logran resultados de excelencia e innovan en sus prácticas para avanzar hacia una educación de calidad para todos sus estudiantes. Son dichas escuelas, como las que conforman la red de 100 escuelas líderes, las que sin duda nos deben servir de referencia para aprender y avanzar con decisión hacia el tipo de prácticas y políticas que nuestro sistema escolar debe adoptar con más fuerza y decisión.

Lo que hemos observado en estos años, en los cuales hemos identificado a escuelas líderes, no son recetas únicas ni “balas de plata”, sino estrategias recurrentes que nos permiten identificar patrones de innovación escolar. Por un lado, hemos visto con mucha claridad que son escuelas cuyo liderazgo no se centra en un director que “administra” un establecimiento, sino en equipos directivos que centran su trabajo en el denominado “núcleo pedagógico”; es decir, que sus decisiones y acciones parten y se concretizan en la dimensión que busca asegurar el aprendizaje de los estudiantes.

Las escuelas innovadoras son aquellas que han ido transitando del paradigma de la “escuela que enseña” hacia “la escuela que aprende”.

Por otro lado, son escuelas que valoran y decididamente invierten en el desarrollo de sus docentes, saben que no hay mejora e innovación posible si esta no parte desde el aula, y que ahí el rol del docente es determinante. Adicionalmente, son escuelas cuya innovación es producto de esfuerzos planificados y constantes, basados en aprendizajes permanentes de aquello que les ha funcionado o no con anterioridad, y que ponen a los estudiantes en el centro y son capaces de movilizar a otros docentes, incluso a otras escuelas. El concepto de red y de comunidad educativa es fundamental para poder observarlas.

También hemos visto que son escuelas que evalúan permanentemente sus resultados, están movilizadas por el cambio y mejoramiento que quieren alcanzar, y de ahí la importancia que les dan a la retroalimentación, a la búsqueda de evidencia y a la evaluación permanente.

Las escuelas innovadoras son aquellas que han ido transitando del paradigma de la “escuela que enseña” hacia la “escuela que aprende”, están hoy mucho más conectadas con las formas de aprender y enseñar que el siglo XXI requiere. Reconocen que no todos los niños aprenden igual y que se necesitan docentes y pedagogías capaces de enfrentar dicha diversidad de manera más personalizada, con mayor diálogo al interior de las escuelas, entre pares y apoyados permanentemente por sus directores.

Están respondiendo a los desafíos de la educación del siglo XXI y también enfrentan situaciones cotidianas con nuevas y efectivas respuestas, como, por ejemplo, mejorar el clima escolar y reforzar la vinculación con su comunidad a través del aprendizaje del violín o utilizando la tecnología para mejorar las habilidades laborales y desarrollar valores de ciudadanos globales.

Las Escuelas Líderes han demostrado que en Chile, a pesar de sus entornos y contextos (muchos de ellos, difíciles y desafiantes), es posible mejorar e innovar, lo cual debe servir como referencia para las prácticas y políticas de mejoramiento escolar.

Hoy el trabajo en red (entre profesores y entre escuelas) es una prioridad para mejorar la educación en nuestro país, pero a su vez es un gran desafío para la política educativa. Las redes de escuelas efectivas tienen clarísimo que el foco es y debe seguir siendo el aprendizaje y desarrollo integral de sus estudiantes. Requieren, además, desarrollar confianzas entre quienes participan, desafío mayor si vemos los grados de desconfianza que en general permean nuestra sociedad. Son redes orientadas a la acción, a la búsqueda de resultados (no se quedan en lo declarativo y el diálogo nada más), lo que les permite focalizar los esfuerzos y materializar el sentido de trabajar en red.

Es por ello que en un momento en el que nos preguntamos cómo avanzar hacia una educación para enfrentar el siglo XXI de calidad para todos (equitativa e inclusiva), pero que además vuelva a poner al estudiante en el centro (revalorizando a los docentes y replanteando la forma como educamos), requerimos volver a mirar a las escuelas, como las que hoy presentamos en esta red y que deben servirnos de ejemplo real y concreto para la toma de decisiones y reformas posibles.

Las Escuelas Líderes han demostrado que en Chile, a pesar de sus entornos y contextos (muchos de ellos, difíciles y desafiantes), es posible mejorar e innovar, lo cual debe servir como referencia para las prácticas y políticas de mejoramiento escolar.