Revista Nature: La oportunidad de Chile de abrazar la ciencia para el siglo XXI

Publicado: 17 enero, 2018
Corporativo

El país destaca en astronomía, pero necesita acelerar su conocimiento para encontrar un nicho en un mundo globalizado.

 Aleszu Bajak, Revista Nature*

A principios de este año, en el medio del Desierto de Atacama, Chile comenzó la construcción del que será uno de los telescopios más grandes del mundo. El Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT: European Extremely Large Telescope), con un costo estimado de más de US$ 1.000 millones y que debe estar listo hacia 2024, sin duda impulsará la previamente existente enorme producción de astronomía y astrofísica del país. En 2016, Chile publicó alrededor de 1.300 estudios en estas áreas.

Pero no es por error que el E-ELT lo llamaran por el nombre de un continente a 10.000 kilómetros de distancia. Los cielos despejados de Atacama habrán convertido a la región en un centro que albergará el 70% de la observación astronómica mundial a 2020, y una estrella brillante de la investigación espacial internacional, pero Chile ha tenido solo un rol parcial en este proceso. La inversión en astronomía por parte de universidades e institutos extranjeros ha sido el principal impulsor; el E-ELT, por ejemplo, fue fundado por los estados miembros del Observatorio Europeo Austral, como Alemania, Francia y el Reino Unido.

Esta dependencia de la inversión e influencia extranjera es un reflejo de un fenómeno más amplio. Chile ha luchado por sobresalir en otros campos científicos e invierte muy poco, menos del 0,5% de su Producto Interno Bruto (PIB), en ciencia y tecnología.

Esto ha enfurecido a los científicos chilenos. Los últimos años han estado marcados por un intenso debate sobre quién debería financiar la ciencia, con varios investigadores indignados protestando en las calles por la escasez de los recursos. Están ansiosos por señalar que Brasil dedica cerca del 1% de su PIB a Investigación y Desarrollo (I+D); en Estados Unidos, la cifra es de 2,8%. Los científicos dicen que el gobierno está sesgado y eso tiene repercusiones que van más allá de obstaculizar la producción de la investigación y exacerbar la fuga de talentos: podría frenar el desarrollo económico de Chile. El Estado, por su parte, favorece el conservadurismo fiscal, una estrategia que ha sostenido al país a través de muchas crisis y que desde hace tiempo lo diferencia de los vecinos económicamente inestables como Brasil y Argentina.

En muchos sentidos, la economía extractiva de Chile no ha cambiado en un siglo. La extracción de cobre representa casi el 50% de las exportaciones del país lo que ha generado más de $ 24 mil millones en 2016. La explotación de su recurso mineral ha convertido a Chile en uno de los países más ricos de América Latina en términos de PIB per cápita, después de Uruguay.

Pero así como el cielo más despejado del país, esa riqueza subterránea no representa un beneficio solo para Chile.

El país una vez protegió sus derechos de extracción del cobre, pero en las últimas décadas los ha vendido a compañías extranjeras. Las mismas empresas tienen sus ojos puestos en otros recursos minerales, como las vastas reservas de oro y litio en los Andes de Chile. Las compañías mineras multinacionales como BHP de Melbourne, Australia y Barrick Gold de Toronto, Canadá, han establecido una sólida presencia en el país para explotar esas vetas, importando tecnología y experiencia para maximizar las oportunidades de negocios.

Los críticos dicen que, similar a muchos países en desarrollo, Chile está ocupado vendiendo sus recursos naturales cuando debería estar invirtiendo en un sector secundario que agrega valor a la producción de materias primas. Y, en una era de globalización y cambiantes fortunas económicas que conlleva, eso podría significar recurrir a algo que el país históricamente ha ignorado: la ciencia.

“La minería es el sector que genera la mayor cantidad de dinero aquí en Chile e invierte muy poco en desarrollo de tecnología”, dice José Manuel Pérez, director del Laboratorio de Bionanotecnología y Microbiología de la Universidad Andrés Bello en Santiago. Hace dos años, dice Pérez, cambió ámbitos de investigación del estudio de las bacterias por las aplicaciones nanotecnológicas para cobre y litio, específicamente sus propiedades antimicrobianas y de almacenamiento de energía.

Pérez dice que hay reticencia entre las empresas mineras para invertir I+D y que Chile podría ser una potencia en la producción de partes de celulares, baterías de nueva generación o cualquier otro producto que agregue valor para los metales y su extracción.

Ahora, que Chile comenzó a tantear el terreno de sus reservas de litio –las más grandes del mundo– Pérez teme que la historia se vuelva a repetir, perdiendo así otra oportunidad. “Estamos cometiendo los mismos errores ahora con el litio que los de hace 50 años atrás con el cobre,” dijo. “Deberíamos ser la potencia mundial en cobre y tecnologías ligadas a litio. Estamos muy lejos de eso”.

Colaboraciones justas

Eduardo Bitran está de acuerdo en que Chile necesita un enfoque más proactivo para aprovechar las ventajas de sus recursos naturales. Por décadas, Bitran, vicepresidente de Corfo (Corporación de Fomento de la Producción) ha estado empujando a sus colegas en el gobierno para desarrollar una infraestructura educacional y tecnológica que permita al país tener una economía más madura – de una que cava, crece y siembra a un centro de conocimiento para la minería sustentable, la ingeniería genética y la seguridad alimentaria ecológica. Es una tarea monumental y, como el sector privado no proporciona el dinero, Bitran considera que las instituciones gubernamentales como Corfo juegan un rol clave. “El sector privado de Chile, en general, invierte poco en investigación y desarrollo”, exclamó. “Por lo tanto, se requiere un papel catalizador del Estado”.

La estrategia de Bitran es simple. Él aboga por el establecimiento de grandes consorcios –incluyendo stakeholders, tales como, compañías chilenas, inversionistas de capital de riesgo y empresas extranjeras– para brindar investigación aplicada, nuevas tecnologías y talento local a los desafíos que enfrentan sectores específicos, como la combustión de hidrógeno y diésel para la minería o mejoras genéticas de tecnologías para la producción de frutas y verduras.

Hasta ahora, Bitran ha tenido éxito trayendo a varios socios a la misma mesa. A finales de 2015, por ejemplo, convocó, en el marco de la floreciente industria energética solar de Chile, a un grupo que fue capaz de abordar un problema energético con paneles solares en Atacama. El mismo desierto que es apreciado por los astrónomos por sus claros cielos nocturnos, durante el día y bajo un sol suficientemente intenso puede dañar los paneles solares convencionales. Más allá de la consternación de los entusiastas de la energía renovable, que esperan que Chile pueda convertirse en un polo tecnológico de la energía solar, los primeros paneles solares instalados en Atacama se desvanecieron después de un año: el sol del desierto era demasiado intenso para la energía solar. Corfo intervino para ayudar a encontrar una solución.

“Tuvimos que crear un consorcio entre instituciones de investigación y empresas chilenas, pero también recurrir a ayuda científica alemana y francesa”, dijo Bitran. “Destinamos cerca de US$ 15 millones para desarrollar nuevas tecnologías como el recubrimiento para enfrentar el problema de la radiación”. Ahora, con más de 1.700 megavatios de instalación fotovoltaica, Chile genera más energía solar que cualquier otro país en el continente. En agosto del año pasado, una empresa chilena de servicios públicos subastó los derechos para vender la energía solar por solo US$ 29,10 por megavatio por hora – la mitad del precio del carbón y al mismo tiempo, el precio más barato de la energía solar en el mundo.

El sueño de largo plazo de Bitran es desarrollar una constelación de institutos técnicos en todo el país para preparar innovadores que estén equipados para transformar la economía chilena. También quiere que todo el sector minero funcione con la energía solar, algo que él llama “minería verde”, porque tanto los recursos solares inagotables como las vetas mineras se encuentran en el árido norte del país.

Pero Bitran no es optimista respecto a las barreras políticas existentes para realizar esos sueños. “He estado empujando esta visión del desarrollo desde la década de los 1990 y no creo que haya sido exitoso,” dice.

Con o sin sus institutos técnicos, Bitran espera que el próximo desafío de la innovación pueda ser resuelto con ingenio chileno. El país, dice, necesita depender menos de la transferencia tecnología y expertos del extranjero, por lo que debe invertir más en educación. “Al final, un país necesita tener una base local del conocimiento.”

Pensando como un emprendedor

A otros les preocupa que un sistema educativo renovado no impulse la innovación por sí mismo. La matrícula universitaria en Chile ya casi se ha duplicado desde 2005. Lo que falta es un espíritu emprendedor, dice Yuly Fuentes-Medel, director ejecutivo de ChileMass, una iniciativa entre Chile y el estado estadounidense de Massachusetts, creada en 2011 para promover la colaboración en torno a la educación, energía y la biotecnología. Los científicos chilenos, dice, no están acostumbrados a pensar acerca de cómo la investigación se traduce en negocio.

“No es instintivo en la cultura chilena crear una empresa fuera de un laboratorio. No hay conocimiento sobre la comercialización de la ciencia”, dice Fuentes-Medel, quien, luego de recibir un doctorado en ciencias biomédicas, comenzó a explorar la intersección de la ciencia y la industria como asociado postdoctoral en la Sloan School of Management del Instituto Tecnológico de Massachusetts en Cambridge. Después de trabajar un tiempo en Kendall Square, un lugar donde se juntan empresas de biotecnología y tecnología en Cambridge, comenzó a apreciar el espíritu emprendedor de la región. Comenta que no vio la misma actitud en Chile.

“Si descubro algo en un laboratorio aquí en Boston, me dirijo a la oficina de patentes y veo si mi tecnología es patentable. En Chile eso no existe. Hay muy pocas personas en Chile que saben cómo patentar una idea” indica Fuentes-Medel.

Es por eso que con ChileMass, está difundiendo el mensaje de la relevancia que tienen los recursos en Chile, lo que podría ayudar al desarrollo de tecnología para la energía renovable, minería, agricultura y medicina. La extensión inusual del país que abarca gran parte de la costa oeste de América del Sur, ofrece una gran cantidad de lugares y entornos, desde bosques templados a desiertos, y altas cumbres a fiordos Patagónicos. ¿De que se trata el discurso de Fuentes-Medel a empresas, startups e investigadores con sede en Massachusetts? Ven y prototipa tu tecnología en el laboratorio natural más largo del mundo. “Si tu resuelves un desafío en Chile, estas probando soluciones para el Mundo”, asegura.

Desarrollar una mentalidad empresarial y adoptar habilidades técnicas de clase mundial no sucede de la noche a mañana, dice Marcos Kulka Kuperman, gerente general de Fundación Chile en Santiago, una organización sin fines de lucro que tiene como socios al Gobierno y empresas chilenas para estimular la innovación. “Los países trabajan en ciclos muy largos”, dice.

Al igual que Bitran, Kulka cree firmemente en reunir a varias personas para resolver un solo problema. “Las soluciones provienen de diversos grupos con una visión en común”, dice él.

Éxito del Salmon

Kulka destaca el boom del sector salmonero de su país como un caso de estudio en esta estrategia colectiva. Actualmente Chile es uno de los principales productores de salmón del mundo junto con Escocia, Noruega y Canadá, exportando más de US $ 4 mil millones en pescado en 2016. Eso no fue siempre el caso. Los salmones fueron introducidos al país por el gobierno en 1921, pero no fue hasta las décadas de 1970 y 1980 que Chile se dio cuenta que los fiordos de su costa austral tenían el potencial para albergar corrales flotantes para criar peces. Fundación Chile reunió financiamiento privado y público, conocimiento local y tecnología extranjera para construir una hoja de ruta a largo plazo para el surgimiento de una industria acuícola construida desde cero, y sus esfuerzos han proporcionado décadas de dividendos.

Le prospectiva de la fundación también aseguró que la ciencia chilena retuviera un asiento en la mesa. Las condiciones ecológicas del país demandaron soluciones locales a los problemas, por ejemplo, con enfermedades de peces endémicos, las cuales forzaron la incorporación y, en el proceso, el fortalecimiento del conocimiento científico local.

“Fundación Chile no solo creó el primer productor de salmón, pero también la primera compañía que producía antibióticos, tecnología de recirculación de agua y laboratorios de prueba para la acuicultura”, señala Kulka. “Este fue un proyecto que se convirtió en una industria de libros de texto”.

Para mantenerse relevante y competitivo, Chile debe continuar desarrollando su capital humano. Esto, plantea Kulka, podría ser el mayor desafío de todos, ya que significa modernizar los planes de estudio e invertir en educación fuera de las salas de clases convencionales. “Las recetas del pasado en términos de educación no funcionarán para abordar la larga lista de desafíos que tendremos para desarrollar las habilidades del siglo XXI”, indica.

Para ello, Kulka está invirtiendo en talleres que amplíen las habilidades digitales de los participantes, pero también incentivando la adquisición de habilidades que estimulen la colaboración. “No se trata solo de software, sino como uno interactúa con los demás”, expresó.

Él es optimista respecto al cierre de brechas de habilidades en Chile. Gran parte de las otras bases se han presentado. “Ahora tenemos incubadoras, centros de investigación, empresas de capital de riesgo. Estamos empezando a construir eso” asevera. A pesar de los desafíos de financiamiento, los científicos de Chile se están levantando para resolver los problemas que enfrenta el país. Desde sus desiertos inhabitables hasta sus poderosos terremotos, Chile ha apoyado la astronomía mundial y ha desarrollado una de las mejores tecnologías antisísmicas del mundo, enfatiza Kulka.

“En Chile le hemos torcido el brazo al destino y estamos generando más conocimiento en el país. Hemos convertido las debilidades en fortalezas”, afirma Kulka.

*www.nature.com