Fundación Chile

Resultados Simce 2014: señales hacia un nuevo sentido de la evaluación

Resultados Simce 2014: señales hacia un nuevo sentido de la evaluación

Publicado: 29 Mayo, 2015 Categorías:

Por Mario Uribe Briceño, profesor, director de Liderazgo Escolar de Fundación Chile y consejero de la Agencia de Calidad de la Educación.

La forma como se informaron los resultados Simce este año (segundo, cuarto y sexto básico), muestra un cambio de enfoque en relación al uso de la misma. Comúnmente, la información derivada de los resultados se ha usado para rendir cuentas ante desempeños esperados o comparar resultados entre los establecimientos. En esta oportunidad, se evidencia un esfuerzo para dar cuenta de un conjunto de ámbitos en la vida escolar (convivencia y clima escolar, participación, autoestima, entre otros) que complementan a los logros de aprendizaje. El conocer su estado de situación, permite tener una mirada más completa de la escuela y constituye una información relevante en lo pedagógicos para padres, estudiantes, profesores y directivos.

Aún con las limitaciones de un cambio que se inicia, esta nueva orientación, implicará inevitablemente, avanzar en redefinir el concepto de calidad, la forma de evaluar sus múltiples dimensiones y las consecuencias que surgirán una vez que se conozcan los resultados. El cambio no es casual y ha sido producto de una reflexión que se ha instalado en la sociedad y especialmente en la comunidad educativa, quienes tanto de manera pública como privada, manifiestan sus reparos en cuanto a lo que significa estar rindiendo anualmente unas 17 evaluaciones externas, aplicadas en seis niveles. Esto, lógicamente limita el cumplimiento del proyecto educativo, ya que tal número de pruebas, impacta en las prácticas docentes y focaliza la prioridad y decisiones de los líderes escolares en relación al logro que se obtendrá, debido a que el resultado final de las mismas, tiene consecuencias para la escuela, siendo la más extrema, el cierre de la misma.

Se agrega a lo anterior, la presión ante la exposición pública. Se han elaborado (a través de diversos medios) rankings, sin considerar contextos ni condiciones internas, y se ocupa esta información para influir en procesos de selección y otros fines, que no contribuyen de manera real a orientar mejoras en las capacidades de las escuelas y cuyo paroxismo quedó reflejado en los “semáforos”, que resultaron ser el símbolo de la estigmatización territorial y cuya implementación fue ampliamente rechazada como intento de clasificar las escuelas según los resultados obtenidos.

En cuanto a los resultados, ¿qué nos informa el Simce este año?. A nivel macro, se sigue dando cuenta porfiadamente de algo que otros indicadores sociales reflejan del Chile de hoy y que supera al sistema educativo, esto es, la inaceptable brecha de resultados según dependencia y origen. También se constata un estancamiento en los resultados generales, no presentándose cambios significativos.

La presentación de resultados este año, no da espacio para la comparabilidad entre escuelas. Por primera vez, se hace un especial énfasis en relación al uso adecuado de estos. Cada establecimiento puede conocer sus trayectorias de resultados y acceder a la información a nivel de curso. La información es presentada según actor (directivos, profesores y padres) y su difusión se ha realizado en mayo, lo que permite, a muchos directivos y profesores, ajustar y corregir su planificación.

La reflexión e incorporación de nuevas formas de evaluar en aulas tan diversas como las nuestras implicará volver a preguntarnos sobre el currículum, los contenidos, habilidades, desarrollo de pensamiento crítico y otros temas de desarrollo en los estudiantes, de cara a una educación pertinente al S. XXI.

En todas estas innovaciones, tal vez el cambio más significativo, ha sido pasar de un informe que se concentraba en informar logros de aprendizajes y algunos aspectos asociados, a un reporte que presenta una visión más general y compresiva de la escuela y de su proceso educativo, dando cuenta sobre un conjunto de indicadores de desarrollo personal y social que incluyen autoestima académica, clima y convivencia escolar, participación y formación ciudadana, vida saludable y temas sobre capacidades docentes y liderazgo directivo. Todos temas que en general, hasta ahora, habían estado invisibilizados en este tipo de mediciones y son relevantes porque representan ámbitos o aspectos propios de la escuela, que explican condiciones necesarias para la enseñanza, mejora de logros de aprendizaje y aspectos de la formación integral.

Entendemos que lo anterior no es suficiente para las necesidades de un sistema educativo que sabe de su necesidad de transformación para lograr calidad y equidad. Como consecuencia, se abre todo un campo de debate y propuestas. La discusión en relación a la forma, oportunidad y consecuencia de las evaluaciones, deberá ser precedida o a lo menos acompañada, por aquella que aborde los aspectos metodológicos, capacidades necesarias y aspectos éticos a desarrollar por todos los niveles: sistema aseguramiento de calidad (nacional), sostenedores (evaluación local), profesores y directivos (escuela), no perdiendo la referencia que el sentido de las evaluaciones es garantizar aprendizajes relevantes junto a una formación valórica y ciudadana sólida.

Por de pronto, el debate se concentrará en torno al número y frecuencia de pruebas externas, la modalidad de entrega de resultados y sus consecuencias. Las posturas son variadas y van desde transformar completamente el sistema o modificar el número de pruebas e innovar en sus formatos de aplicación y entrega de resultados. Cualquiera sea el cambio, será muy importante cuidar la coordinación institucional con otras iniciativas en marcha en el marco de la reforma, evitando efectos no deseados (ej. desorientación) en las comunidades educativas.

Finalmente, hay grandes expectativas en cuanto al rol de las escuelas y las prácticas docentes. Será prioritario orientar, apoyar e incrementar sus capacidades en el ámbito de la evaluación. No hay duda alguna de que la reflexión e incorporación de nuevas formas de evaluar en aulas tan diversas como las nuestras, implicará volver a preguntarnos sobre el currículum, los contenidos, habilidades, desarrollo de pensamiento crítico y otros temas de desarrollo en los estudiantes, de cara a una educación pertinente al S. XXI.

La entrega de resultados este año, da una pista para seguir avanzando por un nuevo concepto amplio de evaluación y un sistema de medición que dé cuenta rigurosa de sus avances, sin distorsiones en el uso de los resultados y con foco en el apoyo a los profesores y directivos, en particular aquellos que laboran en condiciones difíciles y/o desaventajadas.