La importancia de una matriz limpia

Publicado: 01 marzo, 2019
Sustentabilidad

Por Andrés Pesce, gerente de Sustentabilidad y Nuevos Negocios de Fundación Chile.

*El Mercurio

El mayor desafío del siglo XXI, dice el biólogo Edward O. Wilson, en su libro ‘Creación’ (el cual recomiendo leer) es elevar el estándar de vida de las personas preservando, al mismo tiempo, el resto de la vida existente. El modelo de crecimiento que ha seguido la humanidad ha hecho justamente lo contrario. Menciona Wilson en su libro que ‘el actual ritmo de extinción de especies calculado de forma conservadora es de cerca de 100 veces más alto que aquel que había antes de la aparición de los humanos en la Tierra, y se espera que suba hasta por lo menos 1.000 veces más en las próximas décadas. Si este aumento continúa sin ser contrarrestado, el costo para la humanidad, en riqueza, seguridad ambiental y calidad de vida será catastrófico’. Este es el contexto del por qué es importante esforzarnos en descarbonizar la matriz energética: es un capítulo clave en una transición más amplia hacia un modelo de economía circular; es decir, un modelo en el que el crecimiento y el aumento de la calidad de vida de las personas se desacople del uso de recursos finitos y el impacto al medio ambiente, no solo velando por la vida humana sino también por el resto de la vida del planeta y sus ecosistemas que en su conjunto proveen los servicios ecosistémicos que sostienen nuestra vida en la Tierra como la conocemos. Dentro de esos recursos finitos está la capacidad de la atmósfera de absorber gases de efecto invernadero sin producir un aumento de la temperatura del planeta.

Es importante también entender el contexto del contexto. ¿Qué entendemos por matriz energética? A menudo confundimos conceptos (yo mismo lo hice recientemente en un tuit) entre matriz eléctrica y matriz energética. La matriz energética de Chile, según datos al 2017 del Ministerio de Energía, suma un consumo total de 288.901 tera calorías, el cual se compone por tipo de energía en 58% de derivados de petróleo, 21% de electricidad, 13% de biomasa y 1% de derivados del carbón. A su vez, mirando desde la perspectiva de los sectores que la usan, dicho consumo se distribuye en 38,6% minería e industria; 36,0% transporte; 22,4% residencial, comercial y público, y 2,3% en otros.

A la luz de los datos anteriores, es importante que, al celebrar los avances en el crecimiento de las energías renovables en nuestra matriz eléctrica, entendamos que dichos avances se refieren solo a 1/5 de la matriz total de energía de Chile y que no podemos perder de vista avanzar con convicción en otros sectores, como el de transporte (36% del total del consumo), por ejemplo, que usó en 2017 (según datos del Minergía) un 99% de energía basada en derivados del petróleo incluyendo un 48% de diésel.

‘La naturaleza desagregada del problema nos puede llevar a la inmovilidad’.

Lo mencionado anteriormente tampoco puede ser una excusa para que el sector eléctrico no avance más rápido. El desafío de esta gran transición hacia una economía sostenible es un problema eminentemente de coordinación, y el sector eléctrico por su naturaleza es mucho más fácil de coordinar que el resto. Una transición coordinada es más justa con los válidos intereses privados detrás de las grandes inversiones que los proyectos de energía requieren, puesto que el primero en cambiar no se perjudica, ni el último en hacerlo se beneficia de ello. A su vez, este sector puede acceder a tecnologías actuales y futuras que hacen viable y competitiva esta transición. No hay que olvidar que, a pesar de los grandes avances, la generación eléctrica en 2017 usó como insumo un 46,1% de derivados de petróleo y carbón, y solo un 14,3% de energía solar, eólica e hídrica (3,7% solar y eólica). El sector eléctrico puede liderar por lejos esta transición; además la descarbonización del resto de la matriz —en especial lo que consume el transporte— pasa por una mayor electrificación de la misma, y ello debe ser abordado con generación limpia de manera de no pisarnos la cola.

Por último, si bien es clave desagregar los números para abordar de forma más fina el problema, es importante que no caigamos en la tentación de esgrimir el poco peso relativo que nuestro sector, empresa o persona tienen en el total del problema global como un argumento para no hacer más; la naturaleza desagregada del problema nos puede llevar a la inmovilidad. Este desafío representa una oportunidad de innovación y creación de valor sin precedentes para la humanidad. Chile debe, no solo subirse a esta ola, sino que, con sus inigualables condiciones para las energías renovables, ser capaz de influir en ella y usarla como impulso para llegar al desarrollo sostenible