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diciembre 27, 2013

«»PSU: un traje XS para una población XL»», Columna de opinión de la Directora de Educación Superior de Innovum FCh

Daniela Torre, Directora de Educación Superior; junto a Mauricio Farías, Jefe de Estudios de Educación Superior y Rodrigo Díaz, Director de proyectos de Educación Superior del área Innovum de nuestra Fundación, escribieron una columna de opinión sobre la PSU, que fue publicada hoy en la edición impresa de El Mercurio.

Revisa su columna completa acá.

 

A días de conocer los resultados de la PSU, no podemos dejar de analizar críticamente este instrumento. Durante los últimos 20 años, las políticas públicas se han enfocado al aumento de la cobertura, expandiéndo el número de estudiantes y perfil de éstos. Hoy, la matrícula de primer año vespertina alcanza el 33% y las carreras técnicas el 29,5%, su edad y condición familiar también se ha expandido. Sin embargo, los mecanismos oficiales de admisión no han avanzado a la par de estos cambios.

La PSU mide los conocimientos de los postulantes y los selecciona en base a sus resultados. Es una prueba cuyo objetivo es identificar a la élite académica: no mide habilidades blandas, ni vocación, ni habilidad para adaptarse a un sistema distinto del escolar. No mide el cumplimiento de estándares de egreso de la educación media, ni permite predecir el éxito en la educación superior. Su aplicación tampoco es flexible, recién desde el año pasado se puede “guardar” el puntaje para el año siguiente, pero sólo puede darse una dramática vez en el año, movilizando y estresando a los egresados, tengan o no posibilidades de ser admitidos en las universidades. Hoy, sólo el 25% de los estudiantes que ingresa a la educación superior, lo hace a programas que seleccionan vía PSU.

Por tanto, demos a la PSU el peso que se merece y, al pensar en políticas públicas que mejoren la admisión a la educación superior, trabajemos en mecanismos que consideren bajar las altas tasas de deserción que afectan al sistema en su conjunto y, especialmente, al 75% del alumnado que ingresó a programas que no la exigen. Una tasa promedio de abandono del 30% en segundo año, refleja un problema en la admisión.

La PSU está destinada a discriminar alumnos para un grupo restringido de universidades y, si bien es legítimo que todos los estudiantes puedan postular, claramente los requerimientos productivos del país superan la oferta que ellas son capaces de entregar. Son las universidades masivas y docentes, los CFTs e IPs  los que permiten mantener los niveles de cobertura actuales; sus caminos son válidos y deseables para la política pública y requieren, por tanto, comprenderse y evaluarse según sus propias características.

La decisión de qué y dónde estudiar es crítica. Sin embargo, la orientación es casi inexistente y la decisión es ciega respecto de las habilidades y aptitudes que se necesitan y de requerimientos más específicos de los programas de estudio. No podemos extrañarnos, en consecuencia,  de las altas tasas de deserción por temas vocacionales.

Mientras se ha dado acceso a población que nunca antes ingresó a la ES, que tiene menos oportunidades y recursos, y que cifra tantas expectativas en estudiar. Paradójicamente se castiga a las IES que reciben estos alumnos, aplicándoles los mismos indicadores de éxito académico, a pesar de que el perfil de sus estudiantes es distinto y sabiendo la correlación que existe entre los resultados y el nivel socieconómico de los estudiantes.

En un sistema altamente estratificado como el chileno, es difícil asegurar que el mérito esté sólo relacionado a un mejor rendimiento académico. Por ello la incorporación del ranking de notas, es positivo, pero aún insuficiente.

La evidencia indica que los estudiantes necesitan tener clara la utilidad e importancia de las asignaturas que cursan en la enseñanza media para un mejor desempeño en la carrera de su interés. En consecuencia, un sistema diversificado de admisión a la ES debe contemplar mecanismos de acompañamiento y orientación, tanto vocacional como curricular, que comiencen mucho antes del IV medio, que valoren su esfuerzo en las asignaturas críticas, que los iluminen acerca de las competencias de entrada, que les permita reconocer sus habilidades y sopesar las distintas alternativas que ofrece el campo ocupacional.

En este contexto, la PSU es un traje que sólo a algunos les queda bien, no cabe duda de eso, pero si queremos realmente mejorar el capital humano de nuestro país de forma eficiente, es hora de diseñar alternativas también a la medida de quienes más lo necesitan. 

 

Fuente: El Mercurio
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