julio 23, 2019

La Corvina en la Recta Final

● Tras una década de desarrollo del Programa Corvina, ya se visualiza la meta y la posibilidad real de establecer una industria que diversifique la acuicultura de peces en Chile e incorpore a la zona norte.

● La corvina ha demostrado una alta adaptación a distintos sistemas de cultivo, con la ventaja de no requerir el uso de antibióticos y antiparasitarios.

Un pescado al horno, un cebiche o un sashimi, en un futuro próximo bien podría ser de corvina cultivada en el norte de Chile. Así lo visualizaron, el año 2010, instituciones y empresas que -lideradas por Fundación Chile- participan desde entonces del Programa Corvina, uno de los PDACH (Programas de Diversificación de la Acuicultura Chilena) impulsados por Corfo. Una visión que, a tres años de finalizar el programa, comienza a cobrar realidad.

La historia, sin embargo, se inició antes, el 2006 para ser exactos, cuando Fundación Chile desarrolló un proyecto experimental de engorde en balsa jaula en la bahía de Tongoy. Los auspiciosos resultados obtenidos en esa oportunidad fueron determinantes para que se considerara a la nativa Cilus gilberti como especie prioritaria para la acuicultura nacional.

Con la finalidad de diversificar la producción acuícola, hoy concentrada en salmónidos y en la zona austral de Chile, se seleccionó a un grupo de especies nativas, firmes candidatas a cultivo. A casi una década de esa determinación, la corvina ha reafirmado sus condiciones para el desarrollo de una industria en base a esta especie. Así lo confirman quienes han estado encabezando el proceso de domesticación, desde Fundación Chile, la Universidad Arturo Prat y la empresa Pesquera Friosur.

Ciclo biológico completo

“Un gran logro es que el ciclo biológico de la especie ya está completo. Esto significa que, luego de capturar ejemplares del medio silvestre, conocemos las técnicas para aclimatar estos peces, las dietas que les dan el nivel nutricional óptimo para que puedan producir gametos y después tengamos juveniles de calidad. Asimismo, dominamos los procedimientos para que estos juveniles sobrevivan en las primeras etapas del desarrollo, que son críticas, como también las dietas para que estos individuos engorden y, más tarde, se transformen en reproductores. De esta manera, obtenemos reproductores nacidos en cautiverio y completamos el ciclo”, explica Cristóbal Cobo, director del Programa Corvina.

Según señala, “otro avance tecnológico es que la materia prima está garantizada. La mantención de un plantel de reproductores y la producción de juveniles es una técnica bastante dominada, y podemos producir una cantidad considerable en una planta piloto, como es Tongoy, y desde ahí suministrar la materia prima para una empresa”. Destaca que, “si bien no tenemos la capacidad para producir un millón de juveniles, sí poseemos los conocimientos y la técnica para llegar a esa cantidad”.

Que la corvina sea una especie nativa, no sólo ha sido una característica valorada por la comunidad, también ha facilitado la domesticación. “Al estar adaptada a las aguas chilenas, la corvina no presenta problemas sanitarios, por lo que no requiere antibióticos ni tratamientos antiparasitarios”, resalta el director del Programa, agregando que también se trata de una especie que tolera bien las bajas de oxígeno que se generan en la zona norte de Chile. Asimismo, se adaptaría al cambio climático, “dado que su distribución geográfica natural es desde el norte del Perú hasta el sur de Chile. Si mañana sube 2 grados la temperatura, no le va a afectar”.

Iquique y Tongoy, Puntos Estratégicos

Durante el transcurso del Programa Corvina se han probado tres sistemas de cultivo: balsa jaula, recirculación y flujo abierto, que han avanzado en paralelo en Iquique -bajo la supervisión de la Universidad Arturo Prat- y en el Centro Acuícola Tongoy de Fundación Chile. Si bien la especie demostró adaptarse a los tres sistemas, el factor de costo-eficiencia dejó fuera a la tecnología de flujo abierto.

Avelino Muñoz, director del subprograma en Iquique (de UNAP y Cordunap), donde se desarrolla el cultivo en balsas jaulas, enfatiza las bondades de desarrollar este tipo de sistema con la corvina.  “Respetando los máximos permisibles en cuanto a capacidades de carga de los sistemas de cultivo y las zonas donde se emplazarán las instalaciones, con el fin de no repetir experiencias negativas del sur de nuestro país, vemos que hay una gran oportunidad de llevar adelante una potencial industria amigable y sostenible con el medio ambiente, y que a la vez sea sustentable económicamente”.

Respecto a los desafíos que se han generado en el subprograma, Avelino Muñoz señala que “los principales son lo que han surgido de llevar a cabo una actividad inexistente en la zona, como es la acuicultura de peces en balsas jaulas, y que es uno de los puntos a tener en cuenta para el escalamiento futuro de una industria del cultivo de corvina u otras especies”. No obstante, confía en que “los buenos resultados que estamos obteniendo generarán interés tanto de potenciales cultivadores como de los proveedores de bienes y servicios para la acuicultura, los que actualmente en su mayoría operan en el sur del país”.

Corvinas sin Fronteras

“Chile tiene hoy un lugar destacado en la acuicultura global gracias a la salmonicultura. La plataforma de capacidades y competencias desarrollada en torno a esta industria, pasando por las experiencias negativas que no deben repetirse, son una base sobre la cual desarrollar el cultivo de otras especies en zonas distintas, manteniendo al país como un oferente cada vez más importante de alimentos de origen marino”, señala Luis Pichott, experto en acuicultura y actual representante de la Pesquera Friosur para el Programa Corvina.

Luis Pichott sostiene que, “cuidando las técnicas de cultivo, la corvina podría ser opción para desarrollar una atractiva industria para los mares del norte de nuestro país y sus habitantes”. También considera interesante la alternativa de cultivarla en tierra: “Aunque los costos actualmente son una limitante, con el tiempo y el avance de la tecnología, puede ser una forma atractiva de utilizar tierras que no tienen otro uso productivo”.

Con una trayectoria de 30 años en productos del mar, la Pesquera Friosur ha sido un activo participante del Programa Corvina, con el interés de diversificar su oferta. Los estudios de mercado realizados por la empresa han detectado oportunidades tanto a nivel local como internacional. “Nuestro país no muestra índices de aumento del consumo de pescado, pero sí de sustitución de productos nativos silvestres por importados y/o cultivados. El incremento de las importaciones de tilapia y pangasio son buenos ejemplos de esto. La corvina es un pescado conocido y valorado por los chilenos, y -cerca nuestro- aún más por los peruanos. Se podrá discutir el precio, pero no la existencia o interés de mercado por la corvina”, enfatiza el experto de Friosur.

Agrega que el 2011 se hizo un estudio de mercado en nueve ciudades del mundo con alto consumo de productos del mar, como Tokio, Madrid y Hong Kong. “No hubo ni una sola que no manifestara interés por el producto enviado”, cuenta Pichott.

Tras casi una década de trabajo, ya se visualiza la meta del escalamiento. Y, como muy bien declara Luis Pichott, “algún día, más temprano que tarde, habrá más interesados en hacer lo que Friosur, Fundación Chile y un grupo de empresas y universidades llevan tanto tiempo tratando de lograr”.

Programa Corvina:

  • 50

    mil especies en plantel actual

  • 40

    mil en Iquique en balsas jaulas

  • 10

    mil en Tongoy en sistema de recirculación

  • 100

    mil ejemplares se proyectan para 2022

  • 1000

    toneladas anuales es la producción proyectada para los centros de cultivo de corvina.

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