Columna de opinión
Con el futuro presente
Chile tiene una de las infraestructuras eléctricas más modernas y resilientes de la región, con una cobertura prácticamente universal, que ha permitido hasta ahora entregar —con ciertas excepciones— un suministro continuo y confiable para los estándares latinoamericanos, aunque lejos aún de los estándares de países desarrollados. Además, ha avanzado enormemente en contar con una matriz eléctrica más limpia, lo que nos ha posicionado a nivel global por la enorme penetración de la energía solar y eólica durante estos últimos años. Esto ha sido posible porque hemos tenido un sistema tarifario que históricamente ha permitido cubrir las inversiones necesarias para la generación, además de hacer posible el mantenimiento de la red y avanzar —a veces a un ritmo menor al que debiese— en su gradual modernización.
Sin embargo, esta tradición de décadas se interrumpió a partir del estallido social y, luego, se profundizó con la pandemia. Si bien es entendible que las autoridades de la época hayan decidido congelar las tarifas por razones políticas, en el primer caso, y por motivos sociales en el segundo, es oportuno descongelarlas tarifas. El propósito es contar a futuro con una infraestructura moderna, resiliente, eficiente y segura que nos permita disponer de energías limpias en forma oportuna y continua en nuestros hogares y empresas. Por supuesto, es importante que se haga en forma gradual y especialmente protegiendo a aquellos hogares más vulnerables.
En este sentido, el proyecto de ley que está tramitando el Ministerio de Energía en el Congreso ha recibido un amplio apoyo de los diversos actores, entre ellos, de empresas, academia, consultores y un apoyo político transversal. Por supuesto, siempre habrá matices respecto de las soluciones planteadas, pero existe un consenso general respecto de la necesidad de una pronta aprobación. Lo anterior es especialmente importante por la relevancia que representa avanzar con fuerza en la transición energética, la cual no consiste solo en tener un suministro eléctrico 100% renovable sino, además, en electrificar los consumos energéticos.
De acuerdo al Latam Energy Transition Roadmap, de Enel, al 2035 el consumo eléctrico en Chile debiese representar un 44% del consumo energético total, casi duplicando el porcentaje actual, que se encuentra en torno al 23%.Y se espera que para el 2050 este porcentaje aumente a un 60%, empujado fuertemente porque la climatización en hogares y comercio, el transporte y el sector industrial utilizarán la electricidad como principal fuente energética.
Si bien el alza en las tarifas puede significar un atraso en la electrificación de los consumos energéticos, la eficiencia de los equipos eléctricos respecto de aquellos que utilizan combustibles fósiles es tal, que incluso pese a las alzas será conveniente en términos económicos.
Sin perjuicio de lo anterior, una oportunidad que abre el alza de las tarifas es avanzar con más fuerza en la autogeneración a partir de energías renovables. Desde 2016 tenemos una ley de net billing que nos permite generar nuestra propia energía y venderlos excedentes a la red, pero lamentablemente no ha tenido el despliegue que se pensó podría alcanzar.
La energía solar para autoconsumo tiene una serie de beneficios importantes en términos de generar la electricidad en el mismo punto de consumo, lo que implica eficiencias importantes, pero además es una tremenda oportunidad para las personas o empresas que las instalan. A escala de empresas, el período de recuperación de la inversión debiese estar en torno a los 7 años, pero la vida útil de los paneles está en torno a los 25, lo que quiere decir que, a contar del año 8 y por los 18 años siguientes, tendremos electricidad prácticamente gratis, pues los costos de mantención de estos equipos son muy bajos.
Es importante, para avanzar en sustentabilidad, que veamos los negocios con una mirada de mediano y largo plazo, pensando en que si tomamos decisiones de inversión sustentables —ya sea invirtiendo en eficiencia energética, hídrica, economía circular o energías renovables—,generaremos beneficios económicos, sociales y ambientales que compensarán las inversiones adicionales que debamos hacer hoy.