Columna de opinión
Diseñar el trabajo del futuro: cómo perfilar competencias impacta la productividad del país
En un país donde la transformación productiva ya no es un escenario futuro sino una urgencia actual, contar con perfiles laborales bien definidos no es un lujo, se ha vuelto una necesidad. Hoy, diseñar y perfilar competencias con claridad permite algo fundamental: conectar el mundo del trabajo con el mundo de la formación, asegurando que quienes están estudiando o se están capacitando hoy, estén preparados para aportar un valor real mañana.
En distintos sectores estratégicos como la minería, la energía, el sector forestal, la logística portuaria y el retail, se ha vuelto clave contar con estándares formativos que orienten tanto la formación como el desarrollo del talento dentro de las empresas. Diseñar perfiles, competencias, descriptores de módulos, planes de formación y mallas de aprendizaje permite no solo ordenar la oferta educativa, sino también dotarla de sentido, dirección y pertinencia, respondiendo con precisión a los desafíos del mundo productivo.
Cuando una empresa cuenta con perfiles bien definidos, puede identificar brechas, diseñar rutas de desarrollo interno, licitar capacitaciones alineadas a sus necesidades y certificar el “saber hacer” de sus trabajadores. Y cuando una institución de educación técnico profesional (TP) toma esos perfiles como base, se abre la posibilidad de construir mallas curriculares coherentes con los requerimientos del sector productivo. Es decir, se genera una “señalética clara” que guía tanto al sector formativo como al laboral, facilitando la empleabilidad, la productividad y la formación continua.
Esto no es teoría, es desde la práctica. Desde Fundación Chile hemos desarrollado más de 1.000 descriptores de módulos y más de 40 mallas de aprendizaje para empresas como AMSA, CODELCO, BHP, KOMATSU, entre muchas otras. También hemos trabajado con el Ministerio de Energía y con el sector minero en el diseño de marcos de cualificación sectorial que hoy son bienes públicos a disposición del país.
Pero aún queda un desafío pendiente: muchas empresas aún no comprenden el verdadero valor estratégico que tiene contar con estos insumos. Un modelo de gestión por competencias permite no solo mejorar la formación y la productividad, sino también acelerar condiciones críticas como la seguridad laboral o la movilidad interna de los equipos. Necesitamos que más empresas den el salto.
Pero es verdad que también necesitamos al Estado: su rol debe ser el de articulador. Un facilitador que conecte a empresas, instituciones educativas, gremios y sociedad civil, y fomente la colaboración para avanzar en el Marco de Cualificaciones Técnico Profesional (MCTP) y otros procesos clave para el desarrollo del talento en Chile.
Diseñar perfiles y mallas de formación no es sólo una tarea técnica, es una apuesta por un país más competitivo, más justo y más preparado para los desafíos del presente y del futuro.