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Desde Antofagasta a Aysén:

Caletas sustentables

  • Contribuir a la salud de los ecosistemas oceánicos, para que proporcionen una mayor seguridad social y económica a las comunidades costeras es el objetivo que persigue desde hace cuatro años el programa Caletas Sustentables de Fundación Chile, liderado por Claudia Razeto.

El programa Caletas Sustentables es una iniciativa de alcance nacional, que nació en el año 2019, ante la necesidad de avanzar en el desafío de un desarrollo más sostenible de la pesca artesanal, que permitiera contribuir a la conservación de los océanos y su biodiversidad, a través de una gestión adecuada de los recursos marinos. A la fecha, este programa ha beneficiado a 12 organizaciones de pescadores artesanales, ubicados entre las regiones de Antofagasta a Aysén.


Claudia Razeto, directora del programa Caletas Sustentables de Fundación Chile, comenta que cuando se le presentó este proyecto, no dudó en involucrarse, “relacionarme con comunidades, generar vínculos con las personas y conocer sus historias de vida, me apasiona. Todo esto me ayuda a la hora de implementar iniciativas en terreno. Además, el tener buena llegada con distintos actores en los territorios me ha permitido generar colaboraciones interesantes en beneficio de las comunidades costeras”.
“Al iniciar este desafío —recuerda—, nos propusimos implementar una metodología que permitiera identificar soluciones ideadas y lideradas por las propias comunidades a lo largo de Chile, y financiar aquellas que generaran alto valor social y ambiental para el sector de la pesca artesanal, con potencial de replicabilidad o escalamiento. Si bien esta metodología significó un tremendo desafío para el equipo, logramos en una primera instancia apoyar 12 iniciativas entre las regiones de Antofagasta y Aysén, dejando más de 50 ideas en el portafolio. Estas debemos actualizarlas, ya que las necesidades del sector son dinámicas, considerando que la pesca varía según las condiciones medioambientales imperantes en el maritorio.

El modelo de financiamiento empleado inicialmente en este programa ha sido a través del Fondo Asesorado por Donante (DAF), instrumento filantrópico muy utilizado en Estados Unidos para canalizar donaciones, pero pionero en Chile. “Así —explica Claudia Razeto— fue como comenzamos el programa, junto al aporte de la Walton Family Foundation, la que decidió realizar una contribución financiera en el sector de la pesca artesanal, estableciendo criterios de inversión específicos. Esta contribución financiera consistió en la disposición de un fondo de recursos económicos, cuya gestión y operación fue liderada por Fundación Chile, canalizando los recursos mediante donaciones a proyectos alineados con los criterios de inversión establecidos y asegurando la transparencia en el uso de estos, su trazabilidad y el impacto sobre los beneficiarios. Para la segunda etapa del proyecto, contamos con el apoyo de BHP Foundation.

—¿De qué manera se puede llegar a un equilibrio sostenido entre la salud de los ecosistemas marinos y la producción sostenible?
—En Fundación Chile, estamos convencidos de que es posible conciliar la actividad económica ligada a los recursos del mar y el cuidado de los ecosistemas marinos. Esto se logra a través de una pesca sustentable, la cual permite mantener un equilibrio en el sistema marino costero desde una óptica social, medioambiental y económica. Esto se traduce en sostener un ecosistema saludable, manteniendo la biodiversidad y la cantidad de recursos necesarios para asegurar que estos se sigan reproduciendo en el tiempo, resguardando la actividad económica de las comunidades de pescadores artesanales que viven en ella.

—¿Cuál ha sido el impacto que ha tenido el programa?
—Este modelo y la implementación de las iniciativas a lo largo del país ha permitido generar impacto en los ámbitos social, productivo, medioambiental y organizacional. Entre estos destaca haber beneficiado a 700 personas de manera directa y a más de 4.000 de manera indirecta, la promoción del liderazgo femenino, generación de nuevos puestos de trabajo, agregación de valor en productos y diversificación productiva, mejora en canales de comercialización y mayor capacidad de negociación, reutilización de residuos y reducción en la pérdida de alimentos, generación de vínculos y colaboraciones entre 15 organizaciones presentes en el territorio y apalancamiento de aportes complementarios en proporción cercana a 1:1.

—¿Son necesarios más recursos del Estado o del sector privado?
—Chile posee una extensa costa en la que se emplazan cerca de 500 caletas y donde trabajan más de 97.000 pescadores artesanales. Frente a esas cifras, no hay duda sobre la relevancia económica, social y cultural de la pesca artesanal en nuestro país. Sin embargo, la actividad hoy enfrenta desafíos como el cambio climático, la merma de los recursos marinos y la contaminación del océano, entre otros. Por eso, es tremendamente importante aunar esfuerzos entre el sector público y privado, generando colaboraciones que permitan abordar los desafíos del sector, transformando iniciativas particulares en iniciativas colaborativas de mayor impacto, con capacidad de escalamiento o replicabilidad a lo largo del país. En este contexto es que decidimos unirnos como Fundación Chile al programa Red Comunitaria Costera, impulsado por BHP Foundation, cuyo objetivo final es la promoción de la sustentabilidad de los océanos y de sus recursos.

—La cadena logística no debe ser fácil, sobre todo cuando pensamos en los pequeños productores de lugares tan alejados de los centros de distribución y supermercados…
—Chile es uno de los países con mayor producción pesquera. Sin embargo, el consumo de productos del mar en Chile (13 kg/ persona/ año) está por debajo del promedio mundial que es de 20 kg. Una de las causas del bajo consumo son las limitantes en el acceso a los productos. Por ende, se debe trabajar en aumentar la cobertura geográfica y socioeconómica de estos alimentos, diversificando canales de venta, mejorando la eficiencia entre los actores de la cadena, para así favorecer la disminución de precios, y promoviendo el emprendimiento para innovación y desarrollo de productos. Esto último, considerando la pérdida y merma de alimentos a lo largo de la cadena de valor.

—¿Cuáles han sido los principales obstáculos que han tenido que enfrentar?
—El principal obstáculo que sorteamos en el programa fue el período de pandemia, principalmente el año 2020. En esa fecha estábamos en la fase más intensa de identificación de oportunidades en caletas a lo largo del país. Como parte de la metodología utilizada, debíamos visitar en terreno las caletas u organizaciones de pescadores que despertaban nuestro interés y levantar las potenciales soluciones o iniciativas diseñadas por las comunidades que permitieran avanzar en la sustentabilidad de la pesca. La crisis sanitaria generada por el covid hizo que no pudiéramos viajar. Ante ello, adecuamos la metodología de trabajo y logramos que no se viera afectada la agilidad del programa, logrando identificar más de 50 iniciativas con potencial de ser beneficiadas. Por otra parte, hubo demoras en la implementación de algunas iniciativas, principalmente por la baja disponibilidad de materiales o problemas en transporte debido a las cuarentenas impuestas.

—Usted ha dicho que Chile es uno de los países más afectados por el cambio climático.
—Las características geográficas de Chile son un factor que lo hacen altamente vulnerable al cambio climático. En particular, el océano y sus ecosistemas se ven afectados por el incremento de las temperaturas, el aumento del nivel del mar en las costas, la disminución de pH y la pérdida de oxígeno disuelto, lo que impacta directamente en la pesca artesanal y la acuicultura a pequeña escala. Esto genera incertidumbre en comunidades que dependen económicamente de este sector.


—¿Son suficientes las medidas que se están tomando para mitigar la contaminación y el daño del ecosistema marino?
—La gestión de residuos de la pesca artesanal e industrial está regulada por diferentes normativas y tratados a nivel nacional e internacional. En nuestro territorio, falta avanzar en normativas específicas, que permitan regular de manera estricta los desechos provenientes no solo de la pesca artesanal e industrial, sino también de la acuicultura. Respecto de eso, sería interesante mejorar aspectos relacionados con una mejor selección de artes, aparejos y/o utensilios de pesca; limitación en el uso de plástico; gestión adecuada de desechos a bordo; educación y concientización, y muy relevante, sobre todo para nuestro programa, la coordinación con las comunidades locales.


—¿Cuáles son los principales desafíos que tiene hoy el programa Caletas Sustentables?
—Nuestro desafío consiste en lograr un desarrollo sostenible de las comunidades costeras, con mirada ambiental, social y económica. Para ello, creemos que se debe trabajar tanto en el maritorio como a nivel territorial, considerando las caletas y sus comunidades como punto de partida, generando capacidades que permitan aumentar la resiliencia a la crisis climática, así como también promover la diversificación económica y productiva, aportando a la seguridad alimentaria. Sin embargo, estamos convencidos de que el éxito estará dado en la medida en que se logre movilizar al territorio, generando empoderamiento de la comunidad y colaboración con actores locales.

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