Columna de opinión

Educar para una ciudadanía en transformación

Publicado: abril 07, 2021

Según el Servicio Electoral (Servel), para las cuatro elecciones que se votarán el 15 y 16 de mayo, se presentaron alrededor de 18 mil candidatas y candidatos, la cifra más alta registrada históricamente en Chile. Previo a la inscripción de candidaturas, la sociedad civil organizada impulsó procesos de diálogo en todo Chile para imaginar un mejor país, y estableció diversas plataformas para la recepción de opiniones.

Si bien parece que nos enfrentamos a un descenso de proyectos colectivos a través de los partidos políticos, el involucramiento en el bienestar de los otros y el impulso de causas sociales sigue presente. La ciudadanía sí está interesada en participar de manera activa y vinculante en qué tipo de sociedad quiere construir.

Según Zygmunt Bauman, reconocido sociólogo que acuñó el concepto de “modernidad líquida”, la defensa de una agenda colectiva entró en una permanente tensión “al carecer de vías de canalización estables, nuestro deseo de asociación tiende a liberarse en explosiones aisladas…y de corta vida, como todas las explosiones”. El estallido social que se vivió en octubre de 2019 podría ser ejemplo de esa tesis. Claramente, se requieren mecanismos de canalización estables que brinden mayores opciones a quienes vivimos en Chile, para poder informarnos, participar y decidir.

Dado que la ciudadanía contempla competencias que se aprenden junto a otros, la socialización propia del proceso educativo es un espacio ideal para esto. Y si antes la educación cívica se preparaba -al final de la trayectoria escolar-, para ser ciudadano y ciudadana, desde 2016 Chile cuenta con la ley 20.911 que exige a los establecimientos educacionales la elaboración de un Plan de Formación Ciudadana que abarque todos los niveles de enseñanza (desde educación parvularia), y que responda por medio de un conjunto de objetivos al desarrollo de estas competencias.

Tal como planteaba la filósofa Hannah Arendt, “nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político».

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