Columna de opinión


Resiliencia digital para las personas

    • Hernán Araneda

      Gerente de Desarrollo Humano
    • Mónica Retamal

      Directora Ejecutiva de Fundación Kodea
    Publicado: mayo 13, 2020

Esta columna fue publicada en el Diario Financiero.

La crisis Covid 19 ya muestra sus consecuencias sobre el mercado laboral. Se anticipa un crecimiento del desempleo que podría llegar a dos dígitos, hacia fines del 2020. En el escenario de una recesión prolongada podrían perderse en Chile 1,2 millones de empleos, según el BID. Algunos de estos empleos se recuperarán después de la crisis, pero otros desaparecerán o se transformarán radicalmente, como resultado de la sustitución por tecnologías digitales o por cambios profundos en la organización del trabajo. 

Un grupo especialmente afectado son trabajadores de servicios básicos, comercio, turismo y otros ámbitos que requieren presencialidad y, por cierto, clientes. En su mayoría se trata de empleos rutinarios, de baja complejidad e ingresos. Unos 2 millones de chilenos están en esta condición. Se trata además del segmento con menores habilidades para resolver problemas en entornos digitales, según la medición de la OECD en Chile de 2017. Un porcentaje importante de personas con estudios de educación superior, con o sin título, también perderán su empleo. Dentro de este grupo hay un segmento que, quizás sorpresivamente, califica como vulnerable y que es elegible para programas públicos de apoyo al empleo, pese a sus credenciales. 

Para estos grupos se inicia un proceso complejo de adaptación, con costos sociales, familiares y personales altos. Las personas requerirán todo el apoyo posible para reducir los tiempos de búsqueda de empleo. 

¿Cómo evolucionará la demanda por habilidades en el escenario post-crisis?

Los empleadores buscarán trabajadores con habilidades para enfrentar situaciones complejas, tomar decisiones, construir relaciones colaborativas y, además, con habilidades digitales para desenvolverse en plataformas. Competencias en programación, ciberseguridad o análisis de datos aumentarán fuertemente su demanda, que ya es significativa en Chile. 

Por su parte, las pymes que logren superar la crisis, sin duda alguna requerirán revisar profundamente sus “modelos de negocio”, e incorporar tecnologías digitales ampliamente disponibles a la producción, distribución y comercialización de sus bienes y servicios. El nivel de digitalización de las pymes es básico y el uso del computador se limita al correo electrónico. 

En un momento en que el gasto público y las donaciones privadas se concentran en insumos para enfrentar las tareas sanitarias inmediatas, parece oportuno desde ya levantar la mirada y considerar otras inversiones complementarias que permitan a millones de trabajadores enfrentar mejor su futuro laboral. El sentido de urgencia viene dado por el aumento del riesgo social derivado de la obsolescencia de las habilidades y conocimientos a los que estará expuesto un porcentaje alto de la fuerza laboral, cuente o no con títulos.

¿Cómo apoyar a las personas y las empresas, en particular pymes, en los próximos meses y posiblemente años en que enfrentarán esta situación? Se trata de desempleados, jóvenes que recién se incorporan al trabajo, personas acogidas a planes de protección de empleo, técnicos y profesionales subempleados, entre otros grupos.  

Invertir en entrenar y reconvertir a las personas que enfrentarán las situaciones descritas debe, por tanto, ser parte del paquete de medidas de protección social que ofrece el Estado. Actualmente sólo el 12% de los trabajadores con calificaciones medias accede a entrenamiento. La cifra alcanza al 8% en el segmento de menor calificación. 

Resulta crítico movilizar un ecosistema público-privado que actúe con prontitud y decisión . Contar con un mercado de capacitadores realmente de calidad, una red de potenciales empleadores que buscan talento y sólidas plataformas de intermediación laboral son fórmulas de alto impacto potencial.

El programa Talento Digital ejemplifica un ecosistema con estas características, si bien se encuentra en su etapa inicial. Prepara a personas para oficios de entrada en el mundo digital, con una potente combinación de habilidades técnicas y sociales. Un vendedor de retail puede transformarse en un programador full stack; un diseñador gráfico en un diseñador de experiencias digitales de usuario o un periodista reinventarse como desarrollador de sitios web. Son casos reales de Talento Digital.

Desde la primera convocatoria, poco antes del inicio de la crisis social, Talento Digital ya es percibido por unas 15 mil personas como una oportunidad para acelerar la adquisición de habilidades para una efectiva (re)inserción laboral. La demanda por acceder a Talento Digital ha crecido, aún en un escenario de crisis social, sanitaria y económica como el que vivimos hoy. Ello refleja su pertinencia como política activa de empleo, y muestra un ejemplo de lo que debiera ser un esfuerzo masivo de reconversión laboral, sintonizado con la transformación digital.

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