Experta llama a acelerar adopción de modelos económicos verdes para lograr meta carbono cero a 2050

• La gerenta de sustentabilidad de Fundación Chile, Angela Oblasser, propone aplicar modelos de economía circular, de rosquilla, colaborativa y funcional para bajar costos de implementación.

• Esta entrevista fue publicada en Diario Financiero el 15 de junio de 2021.

A principios de año, Bill Gates desarrolló el concepto de prima verde, que corresponde a la diferencia de costo que existe entre un producto o servicio que genera emisiones de carbono versus una alternativa ‘verde’. Gates estimó que para lograr la meta mundial de cero emisiones a 2050, la prima verde -o la brecha de costo-, sería de US$ $ 5 billones (millones de millones), más o menos el 6% de la economía global.

Para abordar esta brecha, la gerenta de sustentabilidad de Fundación Chile (FCh), Angela Oblasser, dice que es necesario bajar el costo de las nuevas tecnologías sustentables -fomentando las inversiones para que se vuelvan más competitivas- y que el valor de las tecnologías actuales no sustentables reflejen el costo real de las externalidades sociales y ambientales.

‘Si las tecnologías incorporan estas externalidades ambientales y sociales en los costos, serían más caras, y la prima, la diferencia entre una tecnología más contaminante y una más sustentable, se reduciría y sería más fácil implementar las soluciones más sustentables’, sostiene Oblasser.

La experta plantea que para lograr ambas medidas se debe acelerar la adopción de los modelos económicos verdes que ‘buscan poner el bienestar y la sostenibilidad como objetivo fundamental del desarrollo económico’. Entre estos, propone la economía circular, la economía rosquilla, la economía colaborativa y la economía funcional.

‘De alguna forma el objetivo de la economía actual es el crecimiento económico y lo que dicen estos nuevos modelos es que el objetivo de la economía es ganar un bienestar social y ambiental, donde el crecimiento económico es una medida para lograrlo. Pone el crecimiento económico al servicio de un crecimiento mayor’, sostiene.

Si bien hay varias iniciativas en Chile basadas en estos nuevos modelos, Oblasser afirma que su implementación se debe acelerar mucho más y ‘van a requerir de un marco político normativo y fiscal que los apoyen para que su desarrollo pueda ser a gran escala’, dice.

Oblasser plantea que ‘es probable’ que los nuevos modelos económicos verdes surja en el debate de la nueva Constitución, ‘porque la ciudadanía lo tiene bastante claro, hay consciencia.

Los modelos ‘verdes’

Si bien existen varios modelos económicos ‘verdes’, Oblasser destaca cuatro economías -colaborativa, circular, rosquilla y funcional- por su nivel de implementación en el mundo y por las bajadas que han tenido en Chile, ‘las que se deben seguir incentivando’.

Explica que ‘no hay un modelo perfecto o mejor que otro’, y que al final lo que se va a aplicar es ‘una combinación de modelos’.

La economía circular -quizás la más conocida- está basada en la creación de ‘ciclos de valor positivo’ en los cuales los productos o materiales se vuelven a reintegrar al ciclo al final de su vida útil. Para esto, idealmente los productos estarían diseñados ecológicamente, fabricados con recursos renovables o reciclados que se reutilizan y reciclan.

Entre los ejemplos locales de este modelo, destaca a la startup Algramo y la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) que ‘es una expresión de economía circular enfocada en ciertos productos prioritarios como es el plástico, los residuos eléctricos y electrónicos, las baterías y los neumáticos’. Explica que el modelo rosquilla ha adquirido fuerza en los últimos años.

Necesita de la economía circular como mecanismo y opera bajo dos límites: el techo ecológico y fundamentos de sociedad justa, como el derecho a la alimentación, educación, sanidad, vivienda, igualdad de género, libertades civiles o agua. ‘Se llama así porque tiene la forma de un donut, donde el círculo interior es este techo social, que son estas condiciones mínimas que deberían cumplirse para todas las personas de una sociedad. El borde exterior es el techo ambiental, el techo ecológico del país y del planeta, tampoco la economía debería extenderse más allá de esto’, explica Oblasser.

En 2020, Amsterdam (Holanda) abordó una estrategia de economía circular a cinco años y contrató a la creadora del modelo rosquilla, Kate Raworth, para aplicarlo a los problemas ambientales y sociales de la ciudad. El plan conlleva medidas para las empresas, el municipio y los ciudadanos, con el fin de reducir a la mitad el uso de nuevas materias primas para 2030 y en 2050 se espera que la ciudad opere con una economía completamente circular.

El tercer modelo que propone es la economía colaborativa, la que supone un intercambio entre particulares de bienes y servicios por una compensación pactada entre sus participantes, por ejemplo, las aplicaciones Uber o Airbnb. Un modelo, explica Oblasser, que permite la optimización de recursos, mayor oferta para el consumidor y la generación de un ecosistema basado en emprendedores con nuevos negocios.

La economía funcional, en tanto, promueve el valor de uso de los productos por sobre su posesión.

De esta manera, se espera que la producción dentro de este modelo ‘sea más fiable, reparable y fácil de mantener, garantizando la sostenibilidad de los recursos y teniendo en cuenta el impacto ambiental de los bienes en su ciclo de vida’, explica la experta.

Un ejemplo de economía funcional es Michelin, que cambió su modelo de negocio y empezó a vender kilómetros por sobre neumáticos, multiplicando su vida útil hasta tres veces y reduciendo la proliferación de neumáticos al reciclarlos.

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