Nadiezdha Yáñez, coordinadora de Liderazgo Educativo de Aprendizaje para el Futuro de Fundación Chile:

«Lo que ocurre hoy día en los colegios es una expresión de lo que sucede a nivel país»

  • Esta entrevista fue publicada por El Mercurio de Valparaíso.

Ante el preocupante aumento de la violencia en el inicio del año escolar y de los incidentes que se han suscitado en distintos puntos del país, la licenciada en psicología, Nadiezhda Yáñez, coordinadora de Liderazgo Educativo de Aprendizaje para el Futuro de Fundación Chile, explica que este fenómeno es multicausal e involucra a diversos factores, como el estallido social, la pandemia por el coronavirus y la transición de la virtualidad a la presencialidad.

Por lo mismo, precisa que las soluciones ante una problemática que no es lineal son diversas y requieren de un compromiso de toda la sociedad para poder ser resuelta y de un accionar que implique a todos los actores y actrices para encontrar el fin de un callejón que parece no tener fin, pero del que todavía se puede salir.

«Necesitamos lideres-aprendices, es decir, líderes que aprendan junto a sus estudiantes y docentes. Esa es una lógica diferente de cómo pensar en un líder que tiene todas las respuestas. Lo que necesitamos no es que tengan todas las respuestas, sino que ayuden a transitar momentos de incertidumbres con propósitos».

– ¿Cuáles serían las causas de este aumento de la violencia escolar?

– Estamos Wente a un fenómeno que es altamente complejo y en el que necesitamos situar lo que ha sucedido en las comunidades escolares. Por una parte está el retorno, con una salud mental deteriorada a nivel país, una fuerte crisis en el deterioro de las relaciones para con los otros a nivel escolar, y por otra parte está el fuerte peso que tiene en nuestra sociedad esta tendencia a centrar el aprendizaje solo con los contenidos y con una dimensión del desarrollo cognitivo. Por lo tanto, el reencontrarse entre todos los estamentos en este marco adquiere un valor esencial y estratégico.

CONDICIONES DIFERENTES


– ¿Considera que la pandemia ha provocado una situación de estrés en los niños y jóvenes?

– Por supuesto, durante la pandemia los niños y niñas estuvieron en ambientes que presentan condiciones muy diferentes, capitales culturales muy distintos, acceso a la conectividad bastante disparo acceso a otras formas de sociabilización. También se debe considerar que, por ejemplo, durante la pandemia, muchos jóvenes pasaron de ser niños a adolescentes. Además, estamos hablando del desarrollo de las habilidades para encontrarnos con otros cuando somos seres eminentemente sociales y cuando el aprendizaje se construye en la relación con otros y ahí se produce un efecto tensor enorme entre los estudiantes, profesores, directivos y adultos.

-¿Qué medidas deberían tomar los establecimientos educacionales y las familias?

– La escuela tiene que integrar a todos aquellos niños y niñas que están requiriendo aún más apoyo en el desarrollo de sus competencias socioemocionales de la relación con los otros, precisamente para asegurar la promesa que tiene la educación que es otorgar oportunidades para el desarrollo a lo larga de toda la vida. Tenemos que poner en el centro a escuelas y familias, entender que el reencuentro no es solo un momento simbólico, sino que es volver a preguntamos y a experienciar qué significa encontrarme con otros, mirara los ojos a otro, saludar a otro, responder al otro cuando hemos pasado más de dos años con una cámara apagada.

– ¿Fomentar los espacios culturales en el aula sería una buena opción?

– Quizás más que responder cómo podrían incorporarse los espacios culturales, necesitamos refrescar el aprendizaje. Los jóvenes requieren mayor protagonismo en decidir cómo y por dónde partir el aprendizaje. Necesitamos más pedagogía para demostraciones, para compartir, para que la retroalimentación sea un elemento permanente y para que el proceso de aprendizaje siempre tenga incorporado al cuerpo y sea auténtico, y no para satisfacer las respuestas ante las preguntas de otro. Escuchemos a los niños, generemos alianza con ellos y que todos los espacios culturales entren a las aulas.

COLABORADORES


– ¿En qué consiste su trabajo y cuáles son los objetivos que persigue la organización?

– En el área de la organización somos colaboradores de todas aquellas iniciativas que pongan en el centro un aprendizaje más integral, que se haga cargo de renovar la pedagogía respecto a cómo desarrollamos esta revolución de comprender un aprendizaje que trasciende lo cognitivo y que se pone a tono con el desarrollo de habilidades como pensamiento crítico, las habilidades para encontramos con otros, la creatividad y que ello no es solo un imperativo sino que es una forma de relacionarnos permanentemente.

– ¿Cuán relevante es el rol del liderazgo escolar en una mejor convivencia?

– Es altamente relevante que la imagen fundamental tras la cual se convoca y se identifican cada una de las comunidades incorporen el buen trato como un elemento característico, y allí necesitamos que los líderes lo presenten como un imperativo y lo transformen en su propio propósito moral. Es decir, más que lo que leemos o decimos es lo que vemos en las prácticas cotidianas de todos los actores que forman parte de la educación. Que efectivamente todos seamos reconocidos y que se refuercen los espacios de diálogos.

TRABAJO INTEGRADO


-¿A qué desafíos se enfrentan en el día de hoy los espacios educativos?

-Junto con las iniciativas permanentes de reencuentro se debe avanzar de manera transversal en experiencias de innovación que permitan que haya más trabajo integrado entre docentes, más trabajo colaborativo y más integración entre asignaturas. Lo que necesitamos recuperar es el sentido de la escuela, el sentido del encuentro y hacerse caigo de que docentes y directivos también están bajo una fuerte presión ante escenarios que son nuevos.

– ¿Qué soluciones podrían plantearse ante el incremento de la violencia en las aulas?

– Se requiere de un compromiso a nivel país en relación al buen trato. Hay que recuperar confianza en el encuentro con los otros, en el diálogo, en aceptar la diferencia. Y aquí la organización curricular tiene que responder en esa perspectiva, en preguntamos también qué es lo que entendemos por trato respetuoso, y si precisamente ese trato que tenemos es respetuoso; y no como un afán de culpabilidad, sino que entendiendo que somos parte de una cultura altamente maltratadora.

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