Mirar al futuro trabajando desde el presente es vital para nuestro planeta. Uno de los desafíos del Pacto Chileno de los Plásticos (PCP) acaba de culminar: terminar el proceso de co-construcción de su hoja de ruta al 2030, tras una última sesión de trabajo estratégico que reunió a representantes de empresas socias e instituciones colaboradoras de distintos eslabones de la cadena de valor del plástico.
Durante la jornada, los participantes trabajaron colaborativamente en el levantamiento de medidas, acciones y soluciones para abordar los 34 desafíos identificados para alcanzar las cinco metas del segundo ciclo del Pacto Chileno de los Plásticos.
La iniciativa, liderada por Fundación Chile y el Ministerio del Medio Ambiente, busca renovar el compromiso y la colaboración entre distintos actores para acelerar la transición hacia una economía circular de los plásticos en Chile.
La construcción de esta segunda hoja de ruta responde a un escenario diferente al que existía en 2019, cuando comenzó el primer ciclo del Pacto. Desde entonces, han cambiado las regulaciones, las tecnologías y las realidades de distintos sectores productivos, además de existir mayor evidencia sobre los avances alcanzados y las brechas que todavía persisten.
Para Alejandra Kopaitic, directora ejecutiva del Pacto Chileno de los Plásticos, preguntar sobre la necesidad de una hoja de ruta es fundamental para delinear los pasos del futuro. Por ello era relevante revisar las metas, ver qué debía cambiar y qué nuevas interrogantes y desafíos se abren de cara al 2030.
“Lo primero que nos preguntamos cuando iniciamos el trabajo colaborativo de esta segunda hoja de ruta fue precisamente por qué era necesario hacerlo, si no bastaba con extender la que nos fijamos el 2019, cuando partió el trabajo del Pacto, considerando además que las principales metas se mantienen. Y la respuesta fue que no, que el contexto es otro, con cambios en las regulaciones, las tecnologías, con nuevas realidades sectoriales y ya con la claridad de cuál ha sido el impacto de esta iniciativa, los avances logrados y las brechas pendientes”, sostuvo.
El proceso busca transformar estos aprendizajes en acciones concretas que permitan avanzar hacia las metas establecidas para 2030, donde el compromiso es —a grandes rasgos— reducir plásticos problemáticos, diseñar para la reutilización o el reciclaje, asegurar el reciclaje e impulsar reutilización y compostaje, incorporar material reciclado y una nueva meta de educación ambiental.
Uno de los elementos centrales de esta nueva etapa es la evolución que ha experimentado la regulación ambiental y de residuos en Chile.
Bárbara Peñafiel, coordinadora de Implementación de Políticas Públicas de la Oficina de Economía Circular del Ministerio del Medio Ambiente, destacó que la hoja de ruta del Pacto se inserta en un desafío de alcance nacional.
La hoja de ruta “es la de los plásticos en Chile, donde uno de los desafíos es cómo avanzamos en las distintas regulaciones que tenemos actualmente: Ley REP, la Ley de Plásticos de un Solo Uso y la Ley de Bolsas. Y esto es algo que no podemos hacer solo desde el Estado, desde las empresas o solo desde la sociedad civil, sino que es un esfuerzo que tiene que ser colectivo”, señaló.
La representante del Ministerio del Medio Ambiente también invitó a nuevas organizaciones a sumarse al Pacto Chileno de los Plásticos, destacándolo como “un espacio relevante, en el que podemos tener estas conversaciones que son tan necesarias y urgentes hoy día en Chile y a nivel global”, sostuvo.
Parte de los participantes de este nuevo proceso también estuvo presente en 2019, cuando comenzó el diseño de la primera hoja de ruta del Pacto Chileno de los Plásticos.
Para Magdalena Balcells, gerente general de Asipla, gremio colaborador del PCP, uno de los principales cambios es la madurez alcanzada por los equipos y la posibilidad de profundizar en desafíos cada vez más complejos.
“En este último taller se hizo evidente que ha habido una madurez de los equipos. Incluso he estado siempre en la misma mesa y eso lo agradezco porque permite de verdad ir profundizando en temas que son bien complejos. No es llegar y decir: ‘esta es la solución’, porque son problemáticas multifactoriales y además de horizontes temporales muy distintos”, afirmó.
Balcells destacó además la metodología implementada por CircularHR de Fundación Chile, facilitador del proceso, y se mostró optimista respecto del resultado, que espera se traduzca en “una tremenda hoja de ruta, con bonitos desafíos para todos los actores de este ecosistema”.
La participación empresarial también ha permitido incorporar a la hoja de ruta desafíos concretos provenientes de los procesos productivos.
Tomás Benavides, subgerente de Producción de Agrosuper, valoró la posibilidad de compartir experiencias con representantes de toda la cadena de valor del plástico, generando “diversidad de opiniones para llegar a una solución común”.
“En Agrosuper estamos constantemente revisando nuestros procesos, innovando para tener empaques más sustentables y reciclables, y estamos participando en la construcción de esta hoja de ruta desde esa experiencia, pero también aportando desde nuestros dolores, haciendo ver —por ejemplo— que los incentivos no son tan tangibles”, señaló.
La incorporación de estas experiencias busca facilitar que las medidas propuestas respondan tanto a los objetivos ambientales como a las condiciones necesarias para su implementación en los distintos sectores.
El proceso de co-construcción también incorporó la experiencia de los recicladores de base, considerados actores fundamentales para avanzar en las metas de recuperación y reciclaje.
Juan Guillermo Pérez, presidente del Movimiento Nacional de Recicladores de Chile (MONGERCH), destacó la importancia de que el sector participe directamente en este tipo de procesos.
“Siempre reclamé que no nos consideraron para la Ley REP o no hubo una representación real de los recicladores de base y ahora se dan cuenta que somos importantes para cumplir las metas. Así que estoy muy contento de estar aquí para compartir nuestra experiencia de cómo podemos reciclar más, demostrando que la integración real de los recicladores es fundamental”, enfatizó.
El proceso de construcción de la hoja de ruta fue facilitado por CircularHR, consultora de capital humano de Fundación Chile.
Para Gonzalo Moenne, director de Estrategia y Roadmapping de la consultora, uno de los principales atributos de este proceso es la continuidad entre el primer y segundo ciclo del Pacto.
“Voy a seguir insistiendo en que celebremos el hecho de que tenemos una hoja de ruta que ya tiene un segundo ciclo de implementación, a cargo de la misma entidad y con básicamente los mismos actores participantes. Esta es una excepción dentro de la experiencia que tenemos en construcción de hojas de ruta”, sostuvo.
Según Moenne, la experiencia acumulada durante el primer ciclo permitió hacer más eficiente la construcción de esta nueva hoja de ruta.
“Esta vez creo que fuimos un 50% más eficientes, necesitamos menos talleres ampliados para llegar a un resultado. Muchos de los participantes del primer ciclo se repiten, entonces ayudan también a facilitar y transmitir la metodología a los nuevos, y se da esta maravillosa combinación entre gente que ya tiene experiencia en el tema y en el método, y otra que participa por primera vez, que trae nuevos brillos, nueva energía, más fresca”, agregó.
Con el proceso participativo ya finalizado, las soluciones propuestas para los 34 desafíos serán sistematizadas y posteriormente sometidas a la validación del Comité Estratégico del Pacto Chileno de los Plásticos.
Tras esta etapa, la nueva hoja de ruta al 2030 será presentada durante el último trimestre de 2026.
El documento establecerá las acciones que orientarán el segundo ciclo del Pacto y buscará articular a empresas, sector público, gremios, recicladores y otras organizaciones para avanzar en las cinco metas definidas hacia 2030 y acelerar la transición hacia una economía circular de los plásticos en Chile.
¿Qué es el Pacto Chileno de los Plásticos?
El Pacto Chileno de los Plásticos (PCP) es parte de una Red Global de Pactos, liderada en el país por Fundación Chile y el Ministerio del Medio Ambiente, que articula a empresas e instituciones de la cadena de valor para avanzar hacia una economía circular de los plásticos.
¿Qué busca la hoja de ruta del Pacto Chileno de los Plásticos al 2030?
Busca guiar las acciones de los asociados al Pacto para el cumplimiento efectivo de las cinco metas de economía circular de los plásticos establecidas para el segundo ciclo del Pacto hacia 2030.
¿Quiénes participaron en la construcción de la hoja de ruta?
El proceso reunió a empresas socias, instituciones colaboradoras, gremios, representantes del sector público, recicladores de base y otros actores relacionados con la cadena de valor del plástico.
¿Qué regulaciones están relacionadas con los desafíos del Pacto?
Entre las principales regulaciones mencionadas durante el proceso se encuentran la Ley REP, la Ley de Plásticos de un Solo Uso y la Ley de Bolsas.
¿Cuáles son las metas del Pacto al 2030?
Meta 1: Tomar acciones para REDUCIR los envases, embalajes y productos plásticos innecesarios o problemáticos.
Meta 2: 90% de los envases y embalajes plásticos deben ser DISEÑADOS para ser reusables, reciclables o compostables.
Meta 3: Asegurar que el 33% de los envases y embalajes plásticos sean efectivamente RECICLADOS y establecer el marco necesario para reutilizar y compostar envases y embalajes a gran escala.
Meta 4: Los envases, embalajes y productos plásticos deben incorporar un 25% de MATERIAL RECICLADO.
Meta 5: Aumentar el nivel de CONOCIMIENTO Y ADOPCIÓN DE HÁBITOS asociados a la economía circular de los plásticos.
¿Cuándo se presentará la nueva hoja de ruta al 2030?
Luego de sistematizar las soluciones y realizar la validación del Comité Estratégico del PCP, la hoja de ruta será presentada durante el último trimestre de 2026.