Comprender la creación de Fundación Chile es también reconocer la visión innovadora de Raúl Sáez (1913-1992), ingeniero que impulsó el nacimiento de la institución. Su capacidad para anticiparse a los desafíos del país y promover la innovación como motor de desarrollo fue clave para dar forma a una organización única y pionera en Chile, que en este 2026 celebra 50 años de historia y contribución para el país.
Los orígenes de Fundación Chile se remontan a la década del 70. La institución se creó el 3 de agosto de 1976, como una corporación privada sin fines de lucro, gracias a un acuerdo entre el Gobierno de Chile y la empresa norteamericana ITT Corporation, impulsada por el ingeniero Raúl Sáez a partir de compensaciones financieras. La meta central era transferir tecnología e impulsar la innovación para el desarrollo del país.
Para Sáez la innovación debía ser un objetivo primordial. De hecho, fue uno de sus móviles en la vida, ya que su profusa trayectoria estuvo estrechamente ligada al proceso de modernización e industrialización del país durante buena parte del siglo XX. Desempeñó cargos clave en instituciones como Corfo, Endesa, CAP, Entel y Codelco, participando en proyectos estratégicos vinculados a la electrificación nacional, el desarrollo siderúrgico, las telecomunicaciones y la industria del cobre.
En Corfo ejerció como jefe del Departamento de Planificación Nacional y posteriormente como vicepresidente ejecutivo, consolidándose como una figura relevante en la planificación del desarrollo económico chileno. Su experiencia técnica también lo llevó a asumir importantes responsabilidades en el ámbito público e internacional. Fue ministro de Hacienda durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva y, posteriormente, ministro de Coordinación Económica y Desarrollo entre 1974 y 1975, además de desempeñarse como asesor económico en materias de deuda e inversión internacional. Y, a nivel regional también tuvo una importante misión, ya que integró el denominado Comité de los Nueve Sabios de la OEA, encargado de evaluar los planes de desarrollo asociados a la Alianza para el Progreso, proyectando su experiencia más allá de Chile.
A través de distintos testimonios de su hijo Felipe Sáez es posible reconstruir una dimensión más personal de la historia de su padre: un hombre inquieto, trabajador, amante de la naturaleza y permanentemente interesado en encontrar nuevas maneras de convertir las ideas en soluciones concretas para el desarrollo del país.
Sus recuerdos permiten también comprender algunos de los principios que estuvieron presentes en los orígenes de Fundación Chile y que han acompañado a la institución durante cinco décadas: pensar en el largo plazo, innovar, articular capacidades públicas y privadas, y atreverse a abordar los complejos desafíos del país.
Felipe Sáez recuerda a su padre como una persona inquieta, interesada en múltiples temas y con una permanente necesidad de llevar las ideas a la práctica. Los viajes, la naturaleza y el desarrollo del país fueron parte de los intereses que alimentaron esa curiosidad.
En ese sentido, la mirada que Raúl le imprimió a Fundación Chile refleja esas características desde sus inicios: la capacidad de mirar más allá de las necesidades inmediatas y trabajar con una perspectiva de largo plazo, combinando capacidades y experiencias provenientes tanto del mundo público como del privado.
¿Qué motivó la creación de Fundación Chile? Esta es una pregunta esencial para la institución. Por eso, Felipe Sáez comparte un escrito de su padre en el que aborda las ideas que estuvieron detrás del nacimiento de la institución.
El documento permite acercarse directamente al pensamiento de Raúl Sáez, y a una trayectoria estrechamente vinculada con distintos momentos del desarrollo y la industrialización de Chile.
A través de sus palabras emerge una característica que atravesó buena parte de su vida profesional: la capacidad de anticipar desafíos, imaginar nuevas posibilidades y construir proyectos capaces de generar impacto más allá del presente.
Esa mirada fue también parte de la concepción de Fundación Chile y de una forma de entender la innovación como una herramienta para contribuir al desarrollo del país.
Chile vivió en 1960 el que es considerado el terremoto más potente registrado en la historia. Valdivia sufrió un movimiento que, según registros, marcó 9,5 en la Escala de Richter, causando daños irreparables en el país.
En ese contexto, Raúl Sáez participó en las labores de emergencia del lago Riñihue, ubicado en la precordillera de la provincia de Valdivia, un desafío que exigió coordinación, conocimiento técnico y capacidad para actuar frente a una situación de enorme complejidad.
Felipe Sáez recuerda el rol protagónico que tuvo su padre durante este episodio y reflexiona sobre cómo Riñihue, junto con otras crisis y desafíos que enfrentó a lo largo de su trayectoria, influyó en su manera de concebir y desarrollar nuevos proyectos. Lograr enfrentar problemas complejos, reunir capacidades diversas y buscar soluciones concretas con una mirada puesta en el futuro derivó, décadas después, en el espíritu inmanente de Fundación Chile.
Desde la perspectiva del desarrollo sostenible, estas características se trasladaron a una institución que puso la innovación como norte y la complejidad como desafío primordial.
A cinco décadas de la creación de Fundación Chile, los recuerdos de Felipe Sáez permiten volver a los orígenes de la institución desde una perspectiva íntima y familiar.
Detrás del ingeniero que participó en momentos relevantes de la historia del país aparece un hombre profundamente curioso, trabajador y convencido de que las ideas debían transformarse en acciones.
Su visión de largo plazo, su vocación por la innovación y su capacidad para conectar distintos mundos fueron parte de las bases sobre las que comenzó a construirse Fundación Chile. A 50 años de ese inicio, su historia permite comprender también el espíritu que ha acompañado a la institución durante medio siglo.