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Sequía en Chile: déficit de lluvias alcanza niveles críticos y aumenta la presión sobre cuencas vulnerables 

  • Chile enfrenta déficits que oscilan entre el 4% y más del 90% respecto a promedios históricos. 
  • Existe una urgencia por implementar medidas de adaptación, eficiencia y fortalecimiento de la gobernanza de los recursos hídricos para enfrentar la escasez hídrica. 

Abrir la llave y que salga agua. Esa realidad en Chile se ve cada vez más amenazada. Actualmente, muchas son las comunas de diversas regiones que dependen de camiones aljibes para abastecerse de agua potable. Esto se traduce en miles de personas que dependen de esta forma de abastecimiento, ya normalizada, para satisfacer necesidades básicas como beber, cocinar o realizar labores domésticas. 

Lo que originalmente fue concebido como una medida de emergencia se ha transformado en una realidad permanente. Coquimbo, Valparaíso, O’Higgins, Maule, Biobío y Los Lagos son regiones que llevan años recibiendo agua por esta vía debido al agotamiento de pozos, la disminución de caudales superficiales y la insuficiente capacidad de los sistemas sanitarios rurales para enfrentar períodos prolongados de escasez. 

El déficit de precipitaciones acumuladas en Chile es grave. Los registros oficiales de la Dirección Meteorológica de Chile muestran que, salvo excepciones puntuales como Arica y Puerto Williams, la mayoría de las regiones presenta déficits de lluvia que oscilan entre el 4% y más del 90% respecto de sus promedios históricos, profundizando una crisis hídrica que se arrastra desde hace más de una década. 

La situación es especialmente preocupante en la zona centro-norte del país, que se concentra gran parte de la población, la actividad agrícola y la demanda por recursos hídricos. Estaciones meteorológicas registran déficits cercanos al 70% en Santiago, superiores al 90% en sectores de Coquimbo, y sobre el 80% en zonas del norte chico.  

Aunque algunas localidades del sur muestran déficits más moderados, la tendencia nacional continúa evidenciando una brecha significativa entre las precipitaciones observadas y las condiciones normales para la época. 

Un problema estructural 

Más allá de la disminución de las precipitaciones, que es solo una parte del desafío, diversos estudios han demostrado que Chile enfrenta una combinación de factores que amplifican la escasez hídrica: cambio climático, aumento de las temperaturas, reducción de acumulación nival, mayor evapotranspiración y una creciente demanda de agua para consumo humano, agricultura, minería, industria y generación eléctrica. 

La creciente brecha entre la disponibilidad y la demanda de agua es uno de los aspectos más complejos del problema. Mientras el cambio climático reduce los aportes provenientes de lluvias, nieve y glaciares, actividades como la agricultura, que concentra alrededor del 82% del consumo hídrico nacional, continúan ejerciendo una fuerte presión sobre las cuencas. 

A ello se suman el crecimiento urbano, las plantaciones forestales, el desarrollo industrial y minero y las limitaciones históricas en la gestión integrada del recurso. El resultado es un escenario donde muchas cuencas enfrentan déficits estructurales de agua, incluso en años con precipitaciones cercanas a los promedios históricos. 

Según Escenarios Hídricos 2030, el país podría enfrentar brechas hídricas crecientes en múltiples cuencas si no se acelera la implementación de medidas de adaptación, eficiencia y gobernanza de los recursos hídricos. Lo que esta iniciativa de Fundación Chile, Fundación Futuro Latinoamericano y Fundación Avina ha identificado es que varias cuencas estratégicas del país presentan condiciones de estrés hídrico permanente o creciente. Por eso, las conclusiones es que los desafíos no solo son climáticos, sino también de gestión y adaptación. 

Y esa evidencia se palpa en la reciente solicitud de la Junta de Vigilancia del Río Maipo Primera Sección (JVRM) y Aguas Andinas, quienes solicitaron a la Dirección General de Aguas (DGA) declarar zona de escasez hídrica en la primera sección del río Maipo por un período de un año. Esta petición responde a las actuales condiciones hidrometeorológicas que presionan la disponibilidad de agua para el Gran Santiago, en un contexto de sequía prolongada, menor acumulación de nieve y disminución de la escorrentía del río. 

Según datos de la Dirección Meteorológica de Chile, mayo cerró como el quinto mes más seco registrado en Santiago desde 1967, con apenas 4,3 milímetros de precipitaciones frente a los 42,6 milímetros considerados normales para ese mes. 

La solicitud busca fortalecer la capacidad de gestión frente a un régimen hídrico que ya cambió y que difícilmente volverá a las condiciones de décadas pasadas. Desde Aguas Andinas señalaron que un decreto de escasez permitiría agilizar decisiones operativas y administrativas durante períodos críticos de abastecimiento, junto con avanzar en proyectos de nuevas fuentes de suministro, resiliencia hídrica, eficiencia en el uso del agua y aprovechamiento de aguas subterráneas. Este escenario se suma al deterioro de fuentes estratégicas de la zona central, como el glaciar Echaurren en el Cajón del Maipo, que, según un estudio de la Universidad de Chile, ha perdido cerca del 65% de su superficie, y a la alta exposición de Chile a sequías y riesgo climático. 

La necesidad de avanzar 

Ante la profundización de la crisis hídrica, hay diversos ejes en los que es preciso avanzar. Como plantea Escenarios Hídricos 2030, para evolucionar hacia una estrategia de seguridad hídrica para el país es necesario, primero, fortalecer la gestión e institucionalidad hídrica, que permita movilizar y habilitar la implementación de acciones y soluciones en el corto, mediano y largo plazo, priorizando el agua y sus fuentes naturales como un eje estratégico para el desarrollo sostenible de nuestro país. Asimismo, la protección y conservación de los ecosistemas hídricos es fundamental, ya que estos ecosistemas son clave para la sostenibilidad del recurso. Glaciares, humedales, acuíferos y ríos, no sólo son la principal fuente de agua sino fundamentales para su regulación y almacenamiento natural. 

Otro de los ejes es la eficiencia y el uso de estratégico del recurso, impulsando esta lógica de protección en los sectores productivos de alto consumo. Esto podría reducir de forma considerable la brecha actual. 

Finalmente, la migración y la incorporación de nuevas fuentes de abastecimiento es otro de los ejes en que es necesario avanzar para reducir la presión sobre las fuentes naturales y aumentar la resiliencia de los territorios frente al cambio climático. 

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