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septiembre 15, 2020

El proyecto que monitorea de modo remoto a adultos mayores

• Aunque la brecha digital de los mayores de 60 años aún está latente, la Fundación Chile lleva cuatro meses ayudando a 1.750 personas de la tercera edad a que puedan recibir atención médica y psicológica sin salir de casa y sin exponerse a contagios de Covid-19 gracias a la entrega de smartphones adaptados a ellos.

• Este artículo fue publicado en La Tercera el 15 de septiembre de 2020.

Si bien la cuarentena limitó el comportamiento de buena parte del país durante este año, existe un grupo para el que las medidas fueron aún más extremas. Para los adultos mayores de 75 años, la cuarentena ha sido obligatoria sin importar en qué comuna estuvieran, salvo en el Paso 2, donde tienen un permiso limitado. Como pertenecen al grupo de riesgo, se ha evitado a toda costa que salieran de sus casas. Pero en casos de urgencia, como una hora médica, no había muchas opciones.

Al ver este problema, la Fundación Chile gestionó la creación del proyecto Televínculos, iniciativa que ofrece los servicios de un médico y un psicólogo de forma remota, que es posible gracias a la donación realizada por la Fundación MetLife. El objetivo del proyecto es que los adultos mayores que son parte del programa Vínculos del Senama o de Cuidados Domiciliarios, del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, a quienes se les asignaba un monitor que los visitaba un par de veces al mes para chequear su estado de salud, pero que ya no podían continuar con el servicio debido a la pandemia.

La cobertura del proyecto es de 1.750 adultos mayores de las regiones del Biobío, Ñuble, Araucanía y Metropolitana. A ellos se les entregó un smartphone especialmente habilitado para los procesos de asistencia, pues considera que en los mayores de 60 existe una brecha con la tecnología. ‘Tiene un gran botón rojo en la pantalla. Tú ves el botón y simplemente lo mantienes apretado tres segundos y te contesta una persona al otro lado’, explica Cristóbal Arteaga, director de proyectos de la Fundación Chile.

El sistema consta de dos elementos: la alarma, que sirve para que un adulto mayor apriete el botón y solicite asistencia, y la llamada, que sirve para que los expertos puedan hacer un seguimiento de los pacientes. Al apretar el botón, se conecta con una central de teleoperadores. Luego de verificar que no se trata de una emergencia, podrá derivar la llamada al monitor o asistente del adulto mayor, como también a familiares o vecinos. En caso de emergencia, la operadora de teleasistencia puede conectarse directamente con los servicios de salud o de seguridad.

El promedio mensual de alarmas es de 2.000, mientras que de llamadas para hacer seguimiento, 1.600. Del total de alarmas, un 20% son de emergencias sanitarias, como pedir la visita de un doctor o de una ambulancia, pedir horas o llamados de emergencia. Un 40% son para acompañamiento y contención. ‘Hay adultos mayores que marcaban simplemente para conversar con alguien, hay gente que está muy sola. Hay una proporción importante de ellos que viven solos o que tienen redes de apoyo muy pobres’, sostiene Arteaga.

Otro 15% son para solicitud de información como beneficios sociales, entrega de canastas, subsidios. Cerca de un 20% corresponde a alarmas técnicas que da el equipo cuando le queda poca batería. El 5% restante corresponde a solicitudes de comunicación con su monitor del programa Vínculos del Senama. Aunque algunos nunca han activado la alarma, Arteaga afirma que saber que cuentan con esta tecnología en caso de requerirlo es un elemento que les da tranquilidad.

Aunque el teléfono está acondicionado y se le eliminaron algunos elementos de la pantalla para hacerlo más simple, el tema de enfrentarse a un smartphone no deja de ser complejo para algunos. Incluso hubo personas que optaron por devolver el teléfono. Sin embargo, se les entrenó y enseñó para usar los aparatos. ‘La gran mayoría, afortunadamente, puede conectarse, como se les hizo una capacitación con su monitora que se encarga del seguimiento. Han aprendido muy bien a cómo utilizar estos dispositivos’, dice Luis Araujo, médico del programa Televínculos.

El médico reconoce que la teleconsulta no es parecida a una consulta presencial, pues se pierde la interacción con el paciente. ‘No es lo mismo que tocar, ver, sentir a un paciente, porque te da mayor prognosis en el sentido de poder diagnosticar cuál es aquella patología que afecta’, dice. Sin embargo, reconoce que mantenerlos en casa es lo más importante actualmente. ‘Nuestra meta es mantenerlos estables para que eviten llegar a un centro asistencial, porque hay un alto riesgo de contagio’, explica Araujo.

Aunque el plan tenía una extensión de cinco meses, por lo que finalizaría en septiembre, se decidió que continuará hasta diciembre. Después de ese mes, los teléfonos quedarán en propiedad de los adultos mayores. ‘Esta es una alternativa de atención y de intervención, porque la tecnología permite llegar a adultos mayores en sitios recónditos si hay señal telefónica’, sostiene el director de proyectos de la Fundación Chile. Actualmente, benefician a personas de sectores rurales, tales como Collipulli, Cunco, Coihueco y Melipeuco.

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