“La presencialidad es fundamental, pero no resuelve el problema que tenemos en educación”

• Directora del área Aprendizaje para el Futuro, de Fundación Chile, dice que ‘si hay un terremoto, como lo describió el ministro, entonces hay que empezar a construir con otro material, porque la posibilidad que se nos caiga de nuevo puede ser alta’.

• Esta nota fue publicada en el Diario Financiero.

A Andrea Osorio, directora del área Aprendizaje para el Futuro, de Fundación Chile, no le sorprendieron los resultados del Diagnóstico Integral de Aprendizaje que desarrolló la Agencia de Calidad de la Educación y que el ministro del área, Raúl Figueroa, calificó como un «terremoto educacional».

Recuerda que ya en los primeros meses de la pandemia, en abril o mayo del año pasado, se conocieron informes del Banco Mundial que alertaban sobre el impacto que iba a tener la no presencialidad en la educación. Y en Chile, añade, en algunos casos el efecto era por la no clases de ningún tipo, porque las condiciones en que se desenvolvían muchos estudiantes no lo permitían.

La experta, de profesión profesora, explica que en el área de Aprendizaje para el Futuro de Fundación Chile están hace años trabajando en el apoyo a la labor docente con especial foco en la innovación. Con esa experiencia, tenían la convicción de que, así como estaba cambiando el país y las empresas, los procesos educativos también debían transformarse, de modo que fueran coherentes con la sociedad en la que niños, niñas y jóvenes se van a insertar.

«Teníamos un diagnóstico de que necesitábamos un cambio de metodología, de enfoque. Luego, la crisis sanitaria lo que nos plantea es que debemos poder de garantizar aprendizajes en contextos diversos, con otros espacios para el vínculo con los estudiantes», afirma.

Junto con considerar que el formato de un profesor dictando una clase de una hora y media a 40 alumnos en una sala no es lo más probable en mucho tiempo más, al menos no este año ni el próximo, sostiene que sería interesante pensar un sistema escolar «en que los niños y jóvenes puedan comprometerse con su proceso de aprendizaje», aprovechando de investigar y analizar lo que están pasando con la pandemia, por ejemplo.

«Si se mide el mismo currículum nacional, que aunque es un currículum priorizado mantiene las asignaturas clásicas, en un año que no ha sido nada clásico, es injusto pedir que los resultados sean los mismos», señala.

¿Le parece que el diagnóstico no es el más pertinente?

-No permite dar cuenta de todo el proceso que han vivido los jóvenes. Se entiende que es una evaluación diagnóstica que busca saber cómo y dónde nos situamos, pero también es interesante ver las condiciones. Estamos en una crisis bastante fuerte, en la que los que más perdieron con la falta de clases fueron profesores y estudiantes.

El diagnóstico lo que nos puede decir es que las herramientas tradicionales para hacer clases en un contexto nada tradicional, no funcionan. Los chicos y chicas no están aprendiendo y, a nuestro juicio, eso va más allá de la presencialidad, entendiendo que ésta es súper importante por la contención, la interacción, el desarrollo de habilidades sociales. Pero esa presencialidad no la vamos a poder garantizar en un 100%, por una cuestión estructural, por un buen tiempo. Entonces tenemos que pensar metodologías en la que los estudiantes se involucren, llevar de alguna manera el mundo a las dinámicas de aprendizaje, mucho más conectado con lo que está sucediendo.

A mí personalmente me parece que no es justo decirles a los profesores que estamos peor que antes, cuando socialmente estamos mucho más complicados que antes, cuando tenemos un problema económico, social, de violencia contra la mujer durante el encierro, hemos disminuido la tasa de inserción laboral de las mujeres. Sí creo que es una buena campana, una especie de alarma, para decir: sí tenemos que hacer las cosas de una manera distinta.

¿Quién tiene la responsabilidad de impulsar ese cambio?

-Como fundación tenemos la convicción de que este es un trabajo entre varios actores. Y también pensamos que es difícil una solución a nivel nacional. Los establecimientos, las 10 mil escuelas del país, al iniciar el año tuvieron que presentar un plan de cómo veían el retorno, con las condiciones que tenían y con toda la incertidumbre con la que se estaba planificando. Pero creo que fue una señal muy importante para que cada comunidad pudiese desarrollar su plan. La respuesta es que debiésemos construir entre todos.

La autoridad obviamente tiene una responsabilidad que es asegurar el bien común. El tema de la conectividad es bien crítico y nos ha pasado la cuenta, y lo va a seguir haciendo, entonces ahí quizás invitar a algunas empresas y poder ver soluciones en conjunto. Tenemos el diagnóstico de los profesores se han esforzado muchísimo, con mucho compromiso, aunque no siempre es suficiente. Hay condiciones estructurales.

Y en el sistema educativo, al igual que pasa con muchas empresas e industrias, tenemos que probar, atrevernos a explorar y generar espacios de confianza. Porque si yo no tengo la confianza y la seguridad de mi entorno, difícilmente me voy a atrever a probar algo nuevo.

-¿La brecha educativa se ha exacerbado con la pandemia?

-Tenemos dos brechas. Una es la tecnológica, que más que exacerbarse, ha quedado demostrada, tanto respecto de la conexión como de las habilidades digitales. Esta idea de los nativos digitales, da cuenta de que son intuitivos para buscar un juego, pero otra cosa es generar conocimiento y pensamiento reflexivo con la tecnología y eso debiese remediarlo el docente. Y esto pone en tensión esta necesidad de desarrollar estas capacidades. Pero nuevamente hay un tema de estructura. Porque cuáles son las condiciones., cuánto tiempo han tenido los profesores para probar tecnologías, innovaciones.

Ahora, desde el punto de vista de la brecha educativa, sí creo que estamos ad portas de tener un distanciamiento importante. Es súper preocupante la deserción escolar, sobre todo en enseñanza media. Pero, es difícil pensar que lo vamos a enfrentar con las mismas herramientas de siempre. Y por eso que hay que buscar nuevas respuestas, hay algunas escuelas que han empezado a trabajar mucho más con proyectos, combinando disciplinas, entre otras posibilidades.

Es un llamado bien importante que nos hace este diagnóstico. Si hay un terremoto, entonces hay que empezar a construir con otro material, porque, si no, la posibilidad que se nos caiga de nuevo puede ser alta.

Cómo llevar el sistema educacional a las necesidades nuevas que van a tener estos estudiantes en el futuro. Si yo pienso que la educación es para responder un test, obviamente va a ser difícil que salga de mi caja porque voy a estar súper preocupada de los indicadores del test. Si yo creo que la educación permite a las personas desarrollar su pensamiento y el pensamiento crítico, amplías la caja. Pero tiene que ver también con señales de autoridades, que es importante para que las escuelas se sientan con ese espacio,

-¿Qué tan importante es la clase presencial?

-La presencialidad es fundamental. Mi punto es que la presencialidad no va a solucionar este problema que tenemos en educación si no hacemos también un cambio en esa dinámica presencial. Vamos a tener que pensar otras metodologías, a lo mejor vamos a tener que sumar más interacción con el mundo de los adultos; pensar más allá de las disciplinas, e incluso de las edades.

Las clases híbridas, por ejemplo, hay que ponerlas primero en investigación, probar, pilotear, entendiendo que la primera vez no va a salir la respuesta, pero que es necesario experimentar y poblar más los términos para que todos tengamos claro hasta dónde podemos llegar.

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