Columna de opinión

La innovación tecnológica por sí sola no va a resolver la triple crisis ambiental

Publicado: agosto 12, 2021
  • Esta columna fue publicada en Diario Financiero.

Tras el alarmante informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) sobre las drásticas consecuencias del cambio climático, el secretario general de la ONU, António Guterres, es enfático al señalar que «Las campanas de alarma son ensordecedoras y la evidencia es irrefutable». Limitar el calentamiento global a 1,5 ° C es un enorme desafío y más urgente que nunca, pero las consecuencias de una crisis climática desenfrenada están enfrentando al mundo con desafíos mucho mayores. Cada vez son más frecuentes los incendios, las inundaciones y las sequías que cuestan vidas humanas, destruyen espacios y hábitats naturales y causan enormes daños económicos.

La innovación tecnológica es considerada hoy un aliado importante para combatir el cambio climático; es un escenario atractivo, que ofrece la ilusión de seguir como siempre (Business as usual) solo que más eficiente y con nuevas tecnologías más limpias; promueve el sueño de un desacoplamiento simple: reducir el uso de recursos, materiales, energías, etc. y por ende el impacto ambiental, sin renunciar a la abundancia.

El avance tecnológico por sí sólo no es ni bueno ni malo. Es y va a ser muy importante para la transformación de nuestra economía lineal a una economía circular y para la transición energética. Pero su objetivo principal debe ser la resolución de la crisis ambiental y social y no solamente la generación de más crecimiento económico; sin este énfasis puede conllevar incluso a lo que se conoce como paradoja de Jevons o efecto rebote: el ahorro por unidad productiva alcanzado es compensado a nivel agregado por una sobre-demanda del recurso. Esto ocurre por ejemplo cuando los ahorros de agua logrados a través de la eficiencia en el riego en la agricultura son usados para ampliar la superficie de plantación, en vez de disponibilizarlos para otros usos vulnerables o para el ecosistema. Entonces requerimos en primera instancia una visión clara que guía la implementación y el uso de estas tecnologías y que controle que la innovación no se convierta simplemente en un 2 x 1.

Pero incluso, aunque no se genere este efecto rebound, es importante tomar en consideración que cada vez son más las personas en el mundo que pueden acceder a productos y servicios que antes no estaban a su alcance, y que cada vez aumentamos a nivel individual nuestro consumo. Este aumento de consumidores y del consumo por si sólo generará un aumento adicional en las emisiones.

Dado lo anterior, además de una visión clara para la innovación y el cambio tecnológico, es necesario reducir la riqueza material de cada uno de nosotros y avanzar hacia un cambio social y económico. Esta vía es por supuesto mucho menos atractiva que la anterior, porque nos demanda consumir menos y además cambiar nuestro comportamiento y hábitos. 

La reducción de la producción y el consumo es una forma eficaz y segura de reducir las emisiones de GEI, porque no depende del éxito de las innovaciones tecnológicas requeridas, y así quedo forzadamente demostrado durante la crisis COVID; la pregunta clave es si podemos imaginarnos un escenario en el que esta reducción no vaya acompañada de crisis y penurias sociales. El objetivo entonces debe ser lograr una transformación social que buscar producir y consumir menos, pero a la vez satisface necesidades humanas concretas y sirva al bienestar común.

Para que se produzca el efecto deseado de los cambios sociales y económicos, no basta que un grupo de individuos cambie voluntariamente su comportamiento. Si bien ha existido una tendencia de privatizar la responsabilidad de la protección del medio ambiente al transferir ésta al consumidor; ésta no puede depender sólo de la decisión voluntaria de cada uno, y de su capacidad económica de una compra sustentable. Al contrario, es necesario llevar a cabo una transformación estructural modelada por el Estado, que conduzca al equilibrio social, económico y ecológico, incluido un mayor bienestar y una mejor calidad de vida para todos.

Ambos caminos deben implementarse, el de la innovación y cambio tecnológico, y el de reducir nuestro consumo y cambiar nuestros comportamientos y hábitos, para lograr el camino hacia el net Zero en 2050. Como dice el informe del IPCC, cada tonelada CO2 importa.

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