Con participación ciudadana y recambio de electrodomésticos promueven la REP y la Eficiencia Energética

  • Esta nota fue publicada en Induambiente.
  • Mientras se elabora el decreto de metas de recolección de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para el reciclaje de dispositivos domiciliarios ineficientes y contaminantes, como es el caso de los refrigeradores antiguos, se lideran alianzas público-privada para promover la valorización de estos residuos y para que las personas sean partícipes de una gestión adecuada de equipos que impactan en el ambiente.

La Estrategia Climática de Largo Plazo, presentada de manera oficial en la pasada COP26, es clara: Chile debería alcanzar la carbono neutralidad a más tardar el 2050 y, para lograrlo, es esencial promover el uso racional y eficiente de los recursos energéticos.

Este documento señala que el sector “energía” es el que posee una mayor emisión de gases de efecto invernadero (GEI) en el país, responsable del 77% de las emisiones totales en el año 2018 pero, al mismo tiempo, asegura que posee “el mayor potencial de mitigación de emisiones”.

De esta manera, la eficiencia energética se convierte en una pieza fundamental para la descarbonización y según estimaciones del Ministerio de Energía, aportaría en más de un 35% de las reducciones de gases de efecto invernadero necesarias para llegar a la meta. En este sentido, la Ley de Eficiencia Energética, promulgada en febrero pasado, se muestra como el camino a seguir en los próximos años pues, si las medidas se aplican adecuadamente, al 2030 se podría evidenciar una reducción de intensidad energética de 10%.

El rol de la ciudadanía

Para avanzar en este objetivo se requiere de la voluntad de todos los actores sociales. En este contexto, la ciudadanía puede hacer un gran aporte a través de la correcta elección de productos eléctricos y electrodomésticos. De estos aparatos, el refrigerador representa el electrodoméstico con mayor consumo de electricidad, con un 19,2% del total, seguido de la iluminación (16,9%) y la TV (16,3%), indica el estudio “Usos de energía de los Hogares Chile 2018” de In-Data SpA y CDT.

Se ha constatado que el refrigerador, presente casi en el 100% de los domicilios, genera diversos impactos ambientales relacionados con el gasto de energía y la emisión GEI, pues tiene un consumo continuo y permanente, que las tecnologías más nuevas son capaces de minimizar considerablemente. Por otro lado, los refrigeradores antiguos tienen un consumo aún mayor, ya que algunos generan escarcha o no enfrían bien, debiendo trabajar con mayor intensidad para poder mantener una temperatura adecuada en su interior.

A esto se suman sus componentes peligrosos para el ambiente, como los gases refrigerantes y los agentes espumantes (parte de la espuma de poliuretano), los que se encuentran solo en los equipos de mayor antigüedad. En esa línea, Fundación Chile proyecta que en el país hay aproximadamente un millón de refrigeradores que superan los 15 años (edad promedio de vida útil de estos aparatos), los que demandan más del doble de energía que las tecnologías nuevas.

“Las tecnologías van evolucionando. Los aparatos se modernizan y van consumiendo menos electricidad, una eficiencia energética que impacta directo en los GEI. Sin embargo, es importante que, al hacer el recambio, el aparato antiguo sea ambientalmente bien gestionado”, afirma Karien Volker, Subgerente de Consumo y Producción Sustentable de Fundación Chile.

Hay que recordar que Chile adhirió al Protocolo de Montreal, relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. Esto ha impulsado a las naciones a “reemplazar las antiguas sustancias por hidrocarburos en la fabricación de los aparatos de intercambio de calor, los cuales no dañan la capa de ozono y poseen bajo Potencial de Calentamiento Global (PCG). De este modo, se logró que para el año 2008 se eliminara el Clorofluorocarbono (CFC) en la fabricación del refrigerador en todas las economías”, se especifica en la investigación “Análisis de la gestión ambientalmente responsable de refrigeradores y congeladores de uso doméstico en Chile”, de Fundación Chile junto a otras entidades.

Sin embargo, ¿Qué ocurre con los refrigeradores en desuso? La baja recolección de estos aparatos dificulta que el consumidor los entregue para su gestión segura, posibilitando que sean desechados en zonas urbanas o en vertederos. Este desalentador panorama podría cambiar en el corto plazo gracias a la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), publicada en 2016, que hoy tiene en elaboración un decreto de metas de recolección y valorización de este tipo de residuos, el que exigirá que los productores ofrezcan el servicio de retiro del refrigerador antiguo cuando haya recambio.

“Se están realizando los estudios necesarios y levantando las opiniones de los actores involucrados. De todas formas, preliminarmente, se contemplaría una sola categoría para los aparatos eléctricos y electrónicos, con la subcategoría de aparatos de intercambio de temperatura (como aires acondicionados y refrigeradores) que contaría con metas específicas. Este diseño preliminar, de incluir una subcategoría para aires acondicionados y refrigeradores, se explica porque estos aparatos pueden liberar gases que afectan la capa de ozono y producir un impacto climático negativo, por lo que es recomendable fijar metas específicas para que estos equipos sean efectivamente reciclados”, aseguró Guillermo González, Jefe de la Oficina de Economía Circular del Ministerio de Medio Ambiente

González precisó que, por las características de estos productos, no existiría un retiro puerta a puerta semanal por la baja rotación, aunque sí se barajaría una combinación de alternativas para posibilitar una recolección masiva de los aparatos eléctricos y electrónicos. “De forma preliminar, hemos estudiado tres mecanismos que, en conjunto, facilitarían la labor ciudadana de reciclar estos elementos. Primero, que al comprar un equipo el consumidor tenga la opción de entregar el antiguo y así asegurar que este último sea reciclado. Segundo, la realización cada seis meses de campañas barriales de retiros a domicilio. Y tercero, se establecerían puntos limpios especiales para dejar aparatos fuera de uso”.

Además, destacó el valor de la acción ciudadana de optar por refrigeradores más eficientes, pero al mismo tiempo enfatizó en que “es muy relevante gestionar de forma adecuada el equipo antiguo para que no se liberen a la atmósfera los gases refrigerantes que afectan la capa de ozono y generan calentamiento global”.

La revolución del “Refriclaje”

Por esta razón en 2018 surgió “Refriclaje”, que se desprende de la iniciativa “Acelerando la transición energética hacia un mercado de refrigeradores y congeladores eficientes en Chile”, financiado por el Global Environmental Facility (GEF); implementado por ONU Ambiente y ejecutado por los ministerios de Energía y Medio Ambiente, Fundación Chile y la Superintendencia de Electricidad y Combustibles, el que centró sus esfuerzos en tres ejes: revisión y actualización del sistema de etiquetado; revisión de estándares mínimos de eficiencia energética y el diseño de programas de recambio masivo de refrigeradores antiguos.

Desde el pasado 16 de noviembre este último punto se encuentra en ejecución y a las entidades ya mencionadas, se sumó el sector privado, liderado por Sodimac. Esta campaña implica generosos descuentos para aquellos que quieran dar de baja viejos refrigeradores.

Sobre esta alianza, Gonzalo Méndez, Seremi de Energía de la Región Metropolitana, señaló que la primera etapa de este plan tiene una mirada integral, ya que involucra a la comunidad y al sector privado y, además, contempla objetivos precisos, como el reciclaje de 1.600 refrigeradores en las regiones que participan del programa, “generando ahorro en las cuentas de muchas familias y un aporte considerable a la lucha contra el cambio climático”.

Articular esfuerzos hoy es indispensable, según Karien Volker. “Acá trabajamos en varios ejes que mueven la aguja. Por un lado está la política pública, que es súper importante porque de ella se desprenden los estándares de eficiencia, que impiden que entren al país aparatos eléctricos ineficientes y robustece el mercado con productos eficientes y, por otra parte, está la sensibilización de la ciudadanía. Sin duda necesitamos de ambas: la regularización y la concientización”, finalizó.

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