El desarrollo económico y social de Chile está directamente relacionado con la minería, siendo ésta una de las principales actividades productivas del país. En este contexto, no se puede dejar de considerar el hecho de que esta actividad lleva asociada un legado intrínseco: la generación de desechos o residuos mineros, entre los cuales se encuentran los depósitos de relaves.
Según el último catastro publicado por el Servicio Nacional de Geología y Minería (SERNAGEOMIN), en Chile hay un total de 740 depósitos. Esta cifra sitúa al país como el tercero con más depósitos de relaves en el mundo, después de China y Estados Unidos.
Los depósitos de relaves en operación son instalaciones dinámicas, ya que crecen en extensión, volumen y/o altura a lo largo del tiempo; y, además, se encuentran expuestos continuamente a diversas situaciones operacionales y/o naturales que pueden llegar a comprometer su estabilidad.
A nivel internacional, el registro de incidentes con resultados catastróficos ocurridos en los últimos años en países como Canadá, Estados Unidos, Brasil, China, México y Chile han gatillado una revisión exhaustiva en torno a los depósitos de relaves y su gestión, tanto a nivel gubernamental como empresarial, que busca asegurar la estabilidad de estas construcciones a través de, por ejemplo, cambios en los diseños, en las regulaciones y en las gobernanzas internas de las compañías.